El activismo que agota el espíritu.

Ave María Purísima, sin pecado concebida. 

El buen católico, me refiero al creyente que quiere ser bueno, aunque es débil, pecador y miserable; está expuesto al grave peligro del activismo, aparentemente inofensivo, pero causa gran daño al alma. 

El activismo, es decir: hacer muchas cosas en detrimento de las más importantes para la salud espiritual de cada uno; sí, dar buen consejo tal vez, visitar alguna persona con título de piedad, lecturas intrascendentes [no necesaria para la salvación eterna ni para el oficio que desempeña], divagar en internet, largas conversaciones innecesarias, etc. 

Llega el final del día, el buen católico está cansado, ha descuidado sus obligaciones de estado, y lo grave: no rezo el Santo Rosario, y si lo hizo, por lo regular con prisas o durmiendose; no hizo lectura espiritual [como debe hacerse], no hizo oraciones de la mañana y de la noche, no tuvo tiempo para su examen de conciencia; los domingos, en ocasiones se confiesa mal, con una mala preparación. 

Esto tiene como consecuencia un daño para la salud del alma, que se aprecia en la debilidad para combatir las tentaciones, falta de atención mental y espiritual para advertir los peligros del alma, abrumado [cansancio, tedio] del mundo y en ocasiones de la vida espiritual. 

Todo esto es para bien de Satanás, atando al católico con los respetos humanos, conduce esto, a un cansancio del apostolado católico y por lo tanto, al abandono del mismo. 

¿Qué hacer?

1º Lo más importante es que Usted rece bien su Santo Rosario todos los días [con atención, despacio, al menos una parte de rodillas, con una cera encendida], no podemos hacer apostolado, sin alimentar primero nuestra alma con el sustento de la devoción a Nuestra Señora, la Bendita Madre de Dios. 

2º Procurar no abandonar nuestras oraciones de la mañana y de la noche, particularmente la devoción de las tres Avemarías -que son prenda de salvación-, las costumbres del buen católico [agua bendita, bendecir los alimentos, cuidar la vista y el oído], de ello depende la perseverancia y la santidad de vida.

3º De suma importancia la lectura espiritual, no buscar lo que satisfaga la curiosidad, sino lo que mueve a compunción [arrepentimiento], a llevar una vida más humilde y sincera. Treinta minutos cada día, es excelente, cuidando que mencionada lectura no sea en el camión o fila de algún comercio -de manera ordinaria-, con la computadora encendida y enviando mensajes, con televisor viendo alguna película o programa, etc. Lectura es lectura, a cada tiempo darle su lugar, habrá días que debemos acomodarnos, pero que no sea lo ordinario. 

4º Cortar de tajo con las amistades pecaminosas, con las que se dedican a quitar tiempo, con los compromisos sociales de la iglesia que no aprovechan en nada a la salud del alma y que no pocas veces son una especie de cueva de chismes, disensiones y corrupción de las costumbres santas. 
Recordar que es poco el tiempo que se tiene, se debe aprovechar y optimizar. 

Precisas las palabras de San Bernardo de Claraval al Papa Eugenio: "Malditas serán dichas ocupaciones, si no dejan dedicar el debido tiempo a la oración y a la meditación". De Consideractione. 

Para cuidar de la salud espiritual de los demás, es necesario mantenerse uno en gracia y amistad con Dios Nuestro Señor [Al menos el deseo cuando no tiene sacerdote], no abandonar los medios de santificación, particularmente, el rezo del Santo Rosario, medio absolutamente seguro para alcanzar la salvación eterna, mediante el inmenso poder de intercesión que tiene la Santísima Virgen María; Madre, Refugio, Consuelo, Abogada de los pecadores que le invocan.

Ave María Purísima, sin pecado concebida. 

Fuente: https://www.padre-hernanvergara.com

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AL PATRONO DE NUESTRA RED

HIMNO AL ARCÁNGEL SAN MIGUEL
Oh Jesús, que eres fuerza y luz del Padre,
Oh Jesús, que das vida a nuestros pechos:
Te alabamos en coro con los Ángeles,
Que siempre de tu boca están suspensos.
Millares de celestes capitanes
Militan en las huestes que acaudillas,
Pero es Miguel quien a su frente marcha
Y quien empuña la sagrada insignia.
Él es quien precipita en lo más hondo
De los infiernos al dragón funesto,
Y quien fulmina a los rebeldes todos,
Y quien los echa del baluarte excelso.
Sigamos día y noche a nuestro príncipe
Contra el fiero adalid de la soberbia,
Para que desde el trono del Cordero
Nos sea dada la corona eterna.
Gloria al Padre y que Él guarde con sus Ángeles
A los que, redimidos por su Hijo,
Fueron ungidos desde el firmamento
Por el eterno bien del Santo Espíritu.

SAN MIGUEL ARCANGUEL

San Miguel Arcanguel
Levanta el Crucifijo y reza esta oración con la señal de la cruz. Has esto en el nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo. Tú vencerás… Reza esta oración todos lo días, ya que la batalla es enorme:
"Oh Glorioso príncipe de la Hueste Celestial, San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla y en el terrible combate que estamos librando contra los principados y Potestades del aire, contra los Dominadores de este mundo tenebroso, en contra de todos los Espíritus del Mal. Ven en ayuda del hombre, a quien Dios Todopoderoso creó inmortal, hecho a su imagen y semejanza, y redimido por un gran precio, de la tiranía de Satanás. Pelea en este día la batalla del Señor, junto con los santos ángeles, igual que combatiste al líder de los orgullosos ángeles, Lucifer, y a su hueste apóstata, quienes no tuvieron poder para resistirte y tampoco hubo ya lugar para ellos en el cielo. Esa cruel serpiente antigua, llamada el diablo o Satanás, que seduce al mundo entero, fue arrojada al abismo junto con sus ángeles. Mira, este enemigo primitivo y asesino del hombre ha tomado fuerza. Transformado en un ángel de luz, anda alrededor del mundo con una multitud de espíritus perversos, invadiendo la tierra para borrar el nombre de Dios y de Jesucristo, apoderarse, asesinar y arrojar a la eterna perdición de las almas destinadas a la corona de la gloria eterna. Este malvado dragón vierte, como la inundación más impura, el veneno de su malicia en los hombres de mente depravada y corrupto corazón; el espíritu de mentira de impiedad, de blasfemia, y de aire pestilente de impureza, y de todo vicio e iniquidad. Estos astutos enemigos han llenado y embriagado con hiel y amargura esta Iglesia, la esposa del Inmaculado Cordero, y han puesto sus manos impías en sus más sagradas posesiones, con el designio inicuo de que cuando el Pastor sea herido, también las ovejas pueden ser heridas. Entonces levántate, oh Príncipe invencible, dale ayuda al pueblo de Dios en contra de los ataques de los espíritus perdidos. Dale la victoria al pueblo de Dios: Ellos te veneran como su protector y patrón; en ti la gloriosa Iglesia se regocija con tu defensa contra el maligno poder del infierno; a ti te ha confiado Dios las almas de los hombres para ser establecida en bienaventuranzas celestiales. Ora al Dios de la paz, para que ponga a Satanás bajo nuestros píes, derrotado para que no pueda más mantener al hombre en cautiverio y lastimar a la Iglesia. Ofrece nuestras oraciones a la vista del Altísimo, para que pronto pueda encontrar misericordia a los ojos del señor; y venciendo al dragón la antigua serpiente que es el diablo y Satanás, tú nuevamente lo pongas cautivo en al abismo, para que no pueda ya más seducir a las naciones. Amén.
- Miren la Cruz del Señor; y sean dispersos los poderes enemigos. R:
- El León de la tribu de Judá ha conquistado la raíz de David.
- Qué tu misericordia esté sobre nosotros, oh Señor.
-  Así como hemos tenido esperanza en Ti.
- Oh Señor, escucha nuestra oración.
-  Y deja que mi llanto llegue a Ti.
Oremos
Oh Dios, Padre nuestro, señor Jesucristo, invocamos a tu Santo Nombre, y suplicantes imploramos tu clemencia, para que por la intercesión de la siempre Virgen María, Inmaculada Madre nuestra, y por el glorioso San Miguel Arcángel, Tú te dignes ayudarnos contra Satanás y todos los demás espíritus inmundos, que andan por el mundo para hacer daño a la raza humana y para arruinar a las almas. Amén.
Fuente: Libro de la Devoción a la preciosa sangre de Nuestro Señor Jesucristo

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