¿POR QUÉ A VECES DIOS DICE SI, OTRAS ES INDIFERENTE Y A VECES DICE NO? SEÑOR ; MUESTRAME TUS CAMINOS

Señor, muéstrame tus caminos

Empezamos nuestra lectura reflexionando sobre algo que seguramente ya pasó en nuestras vidas. A veces pedimos algo a Dios y el nos lo da, pero otras veces pedimos otras cosas a Dios y el cambia nuestro pedido por otro, con otras ocasiones, pedimos y pedimos alguna cosa a Dios y el no la concede ¿Por qué?
Ustedes ya tuvieron esta experiencia de un Dios que responde nuestro pedido, de un Dios que muchas veces responde de manera diferente nuestros pedidos y de un Dios que no nos da lo que pedimos, parece que ya pasamos esas experiencias y este día preguntamos: ¿por qué?, ¿dónde está el secreto?, ¿dónde esta la esencia, la respuesta del porque a veces Dios dice si y a veces responde diferentemente y a veces dice no? Leamos la Palabra, porque la Palabra es vida, es luz y aquí encontramos la respuesta a esta pregunta que a veces nos deja inquietos y a veces nos desconcierta.
Consideremos a Moisés un hombre maravilloso, amigo de Dios que constantemente iba al Señor para pedirle algo, que llevaba pedidos del Faraón y que llevaba los pedidos de Aarón su hermano, de su hermana María enferma, y también los suyos propios.
Analicemos rápidamente estos cinco pedidos de Moisés, los encontramos todos ellos en el libro del Éxodo, capítulo 32 y 33, la Palabra de Dios dice así:
Moisés dijo al Señor: “Señor si en verdad encontré gracia frente a ti, muéstrame tu camino”. ¿Que pide Moisés? “Señor, muéstrame tus caminos” ¿No conocía él, bien los caminos del desierto? ¿No tenía 40 años viviendo ahí? había pastoreado ovejas conocía el oasis, había transitado las rutas de caravanas.
Moisés conocía el desierto desde hace 40 años que vivía en él, pero ahora es diferente. Antes Moisés cuidaba ovejas, antes llevaba un rebaño, antes pastoreaba animales, ahora se trataba de conducir un pueblo, de llevar personas libres, dignas y Moisés pensó: llevar un rebaño, llevar animales, no es lo mismo que llevar un pueblo, no es lo mismo que conducir hombres y mujeres, no es lo mismo, ellos tienen dignidad, merecen respeto son libres, no puedo manipularlo
s. A las ovejas las metía al redil y las soltaba cuando quería, las trasquilaba cuando quería, pero un pueblo no es lo mismo merece respeto. Moisés está dando un paso nuevo en la vida y por esto dice: “Señor, muéstrame tus caminos, muéstrame tus criterios, muéstrame tus valores, Señor muéstrame como conduces a tu pueblo, muéstrame porque yo no sé”.
Y Dios le enseñó a Moisés como conducir a su pueblo, como guiarlo a la tierra prometida, Dios respondió al pedido de Moisés y gracias a esto el fue el guía que llevó al pueblo hasta las puertas de la tierra prometida.

¿Cuál fue el primer pedido? “Señor, muéstrame tus caminos” ¿Tú pedirías esto a Dios esta día? debes conocer los caminos de Dios, ¿o ya los conoces?

Levantemos los brazos y pidamos al Señor, pues sabemos que este pedido es escuchado, muéstrame tus caminos, para dirigir a mi familia
, guiar la parroquia… Señor muéstrame tus caminos para guiar a mi familia, mi vida, para el futuro de mi existencia, ahora no se que debo hacer, digamos muy fuerte al Señor “Señor, muéstrame tus caminos”.
Dios había perdonado al pueblo gracias a la intercesión de Moisés, quien expuso su propia vida, su vida eterna con tal de que Dios perdonará a su pueblo. “Perdónanos Señor si no me arriesgo, te pido el libro de la vida que tu escribisteis”.
Y Dios perdonó a su pueblo gracias a la valiosa intercesión de Moisés
, Dios dijo a Moisés: “Moisés levántate sal de aquí y ve al país que te mostré, al país que prometí a Abraham, Isaac y Jacob, levántate sube y camina rumbo a la tierra prometida”
Y Moisés se quedó pensando y dijo: ¿Que suba con este pueblo de necios, que vaya con ellos?
No Señor eso no, ven con nosotros o no me muevo de aquí. Que bella, que hermosa reacción la de Moisés. Dios le dijo: “Sube, camina”, pero Moisés respondió “No, solo no, ven con nosotros o no salgo de aquí”. Se sentó en una piedra y Dios dijo: Bien, enviaré un ángel delante de ustedes, él ira con ustedes. No, no eso no fue lo que me dijiste en la zarza, cuando te me revelaste en el Monte Horeb en medio de aquella Zarza, que ardía y no se consumía, yo dije que no quería ir y me dijiste “Estaré contigo”. Por esto Señor ven conmigo, no me mandes un ángel. Y Dios explica: “Ve Moisés, ustedes son tan necios, tan pecadores que si nuevamente me ofenden, mi ira se encenderá, mis siervos me enfurecerán y yo los destruiré, es mejor que vaya este ángel, que es muy bueno, con él no correrán riesgo ni peligro, además de esto Moisés, él tiene poder suficiente para hacerlos vencer todas las batallas, para conquistar la tierra prometida, anda Moisés ve con mi ángel.
Y Moisés. No, no Señor, no me basta tu ángel, te quiero a ti en persona y si no vienes personalmente, de aquí no nos movemos
, aquí nos quedamos a la sombra de este momento, tu monte Santo, el monte de alianza, al monte Horeb de aquí no salimos, queremos que tu vengas Señor. Vean que lindo es el diálogo de Dios con Moisés, un amigo que habla con su amigo, entonces Dios cede y dice: “Está bien, ¡iré contigo”!
¿Qué debía haber hecho Moisés? levantarse, tomar su cayado levantar el campamento y emprender el camino rumbo a la tierra prometida,
pero saben lo que respondió cuando Dios dijo: “Iré contigo”. -No, No Señor no quiero que vengas conmigo sino con nosotros. Esta es la oración de Moisés, no basta para Moisés, no le es suficiente que Dios vaya con él, no quiere un Dios personal, sólo para sí, quiere un Dios para todo el pueblo y cuando Dios dijo: “voy contigo” responde “No basta Señor o vienes con todo el pueblo o no voy”.
¿Saben lo que hizo Dios? Se manifestó como columna de fuego durante la noche y una nube durante el día acompañó permanentemente al pueblo, 24 horas al día por 40 años en su travesía por el desierto, Moisés no quería un Dios para sí, quería un Dios para todo el pueblo no quería que Dios fuera con él sino con todo su pueblo.

¡Ah! si fuéramos capaces de pedir esto, “ven con nosotros Señor”
, a veces sólo pedimos para nosotros mismos, Señor ven conmigo, Señor ven acompáñame, Señor cuídame, cúrame. En el día en que ampliamos nuestro horizonte, el día en que tomamos conciencia de que somos una familia, un pueblo, diremos: “Señor ven con nosotros, Señor acompáñanos, cuídanos este día, el Señor responderá a nuestro pedido, porque a esta petición el Señor siempre responde”.
Pidamos a Dios en este momento que venga con nosotros, no conmigo solamente sino con toda la familia, que venga con tu esposo, con tus hijos, con la suegra, que venga con los que tienen un problema en su familia, con aquel con quien tu no le hablas, con aquel que tu no perdonas, dile: Señor ven con nosotros, no quiero que vengas sólo conmigo, Señor no me basta con que estés en mi corazón, ven con nosotros, con toda mi familia, con toda la parroquia, con toda la comunidad, ven Señor con toda la Renovación, con toda la Iglesia, Señor, Señor ven con todo el pueblo, ven con nosotros, no quiero caminar contigo solo, quiero que camines con nosotros que vengas con nosotros Señor. Este fue el tercer pedido de Moisés.

Un día Dios estuvo a punto de destruir al pueblo de Israel, ¿Por qué? Porque hicieron un becerro de oro, habló con Moisés que estaba en la cumbre del monte, diciendo: “Desciende porque tu pueblo que sacaste de Egipto pecó”.
¿De quién era el pueblo, a quién pertenecía? A Dios, quien llamó a Abraham, Isaac y Jacob, ¿Quién fue? Dios. ¿Quien había hecho una alianza con este pueblo? Quién dijo: “Yo seré tu Dios y tu serás mi pueblo”. Dios. ¿De quien era el pueblo? de Dios pero? ¿Qué dijo Dios? desciende porque tu pueblo pecó, aquel pueblo que sacaste de Egipto, tu lo sacaste Señor con mano fuerte. Pero Dios ya no quiero nada con Israel, Dios dijo, ya no es mi pueblo, Moisés es tu pueblo. Yo voy a acabar con él, voy a destruirlo. Pero Moisés intercedió y le dijo: Señor no es mi pueblo, es tuyo y no puedes destruirlo, no puedes acabar con lo que te pertenece, Señor.
Gracias a esta intervención, Dios perdonó a su pueblo y este fue salvo, por esto la petición de Moisés es muy inteligente, “Señor considera que este pueblo es tuyo, no vuelvas a repetir Señor que este pueblo es mío, no vuelvas a rechazar a tu pueblo como si fuera mío. ¿Qué pide Moisés? pide a Dios algo muy simple “Señor no te olvides que este pueblo es tuyo y no mío, yo no lo compré, yo no lo llamé, no lo liberé, no hice una alianza con él, fuiste tú Señor quien hizo todo esto.
¿Será entonces que Mois
és no amaba al pueblo de Israel? Sí lo amaba y era tanto, que no se apropiaba de él. Pero decía: Este pueblo sólo tiene un dueño, un sólo Señor y este es el Señor Yavhé de Israel. Es libre, nada me debes, no me pertenece, no es mío, Israel sólo pertenecerá al Señor tu Dios y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y solo a él servirás porque él es tu dueño, no soy yo, a mi no me debes nada, porque nada hice por ti, el Señor hizo todo, fue él quien te llamó, fue el quien te sacó de Egipto, quien hizo una alianza contigo. Israel es el pueblo de Dios no es el pueblo que pertenezca a ningún hombre.
Dios escuchó a Moisés y jamás volvió a hablar, no, Dios dirá siempre: “Tu Israel eres mi pueblo, no me arrepiento de mis dones, tu serás mi pueblo eternamente”.
Este es Moisés, aquel que sabe desprenderse de lo que ama, porqu
e en las manos de Dios esta mejor que en las suyas propias. Veamos donde estaría mejor tu familia, en las manos de Dios o en las tuyas propias, dónde estará mejor tu propia vida en las manos de Dios o en las tuyas propias. Padre, donde estará mejor tu parroquia en tus manos o en manos de Dios.
Donde estará mejor la Iglesia en manos humanas o en las manos de aquel que dio su sangre para convertirla en novia engalanada preciosa, sin mancha y sin arruga.
Dónde estará mejor nuestra sociedad en las manos de un partido o de tal o cual sistema o en las manos de Dios.
Digámosle: Señor este pueblo es tuyo, esta familia es tuya, no es mía, Señor la Renovación es tuya, Señor no es mía, la Iglesia es tuya completamente, diste la vida por ella, tú la compraste al precio de tu sangre, Señor esta es tu iglesia, no es mía, este pueblo, esta sociedad no son míos Señor, sino tuyos, ten misericordia de la obra de tus manos.

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AL PATRONO DE NUESTRA RED

Oración:

"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla. Sé nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del demonio. Que Dios manifieste su poder, pedimos suplicantes. Y tú, Príncipe de las Milicias Celestiales, con el poder que Dios te ha conferido, arroja al infierno a Satanás y a los otros espíritus malignos que vagan por el mundo para la perdición de las almas. Amén."

HIMNO AL ARCÁNGEL SAN MIGUEL
Oh Jesús, que eres fuerza y luz del Padre,
Oh Jesús, que das vida a nuestros pechos:
Te alabamos en coro con los Ángeles,
Que siempre de tu boca están suspensos.
Millares de celestes capitanes
Militan en las huestes que acaudillas,
Pero es Miguel quien a su frente marcha
Y quien empuña la sagrada insignia.
Él es quien precipita en lo más hondo
De los infiernos al dragón funesto,
Y quien fulmina a los rebeldes todos,
Y quien los echa del baluarte excelso.
Sigamos día y noche a nuestro príncipe
Contra el fiero adalid de la soberbia,
Para que desde el trono del Cordero
Nos sea dada la corona eterna.
Gloria al Padre y que Él guarde con sus Ángeles
A los que, redimidos por su Hijo,
Fueron ungidos desde el firmamento
Por el eterno bien del Santo Espíritu.

SAN MIGUEL ARCANGUEL

San Miguel Arcanguel
Levanta el Crucifijo y reza esta oración con la señal de la cruz. Has esto en el nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo. Tú vencerás… Reza esta oración todos lo días, ya que la batalla es enorme:
"Oh Glorioso príncipe de la Hueste Celestial, San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla y en el terrible combate que estamos librando contra los principados y Potestades del aire, contra los Dominadores de este mundo tenebroso, en contra de todos los Espíritus del Mal. Ven en ayuda del hombre, a quien Dios Todopoderoso creó inmortal, hecho a su imagen y semejanza, y redimido por un gran precio, de la tiranía de Satanás. Pelea en este día la batalla del Señor, junto con los santos ángeles, igual que combatiste al líder de los orgullosos ángeles, Lucifer, y a su hueste apóstata, quienes no tuvieron poder para resistirte y tampoco hubo ya lugar para ellos en el cielo. Esa cruel serpiente antigua, llamada el diablo o Satanás, que seduce al mundo entero, fue arrojada al abismo junto con sus ángeles. Mira, este enemigo primitivo y asesino del hombre ha tomado fuerza. Transformado en un ángel de luz, anda alrededor del mundo con una multitud de espíritus perversos, invadiendo la tierra para borrar el nombre de Dios y de Jesucristo, apoderarse, asesinar y arrojar a la eterna perdición de las almas destinadas a la corona de la gloria eterna. Este malvado dragón vierte, como la inundación más impura, el veneno de su malicia en los hombres de mente depravada y corrupto corazón; el espíritu de mentira de impiedad, de blasfemia, y de aire pestilente de impureza, y de todo vicio e iniquidad. Estos astutos enemigos han llenado y embriagado con hiel y amargura esta Iglesia, la esposa del Inmaculado Cordero, y han puesto sus manos impías en sus más sagradas posesiones, con el designio inicuo de que cuando el Pastor sea herido, también las ovejas pueden ser heridas. Entonces levántate, oh Príncipe invencible, dale ayuda al pueblo de Dios en contra de los ataques de los espíritus perdidos. Dale la victoria al pueblo de Dios: Ellos te veneran como su protector y patrón; en ti la gloriosa Iglesia se regocija con tu defensa contra el maligno poder del infierno; a ti te ha confiado Dios las almas de los hombres para ser establecida en bienaventuranzas celestiales. Ora al Dios de la paz, para que ponga a Satanás bajo nuestros píes, derrotado para que no pueda más mantener al hombre en cautiverio y lastimar a la Iglesia. Ofrece nuestras oraciones a la vista del Altísimo, para que pronto pueda encontrar misericordia a los ojos del señor; y venciendo al dragón la antigua serpiente que es el diablo y Satanás, tú nuevamente lo pongas cautivo en al abismo, para que no pueda ya más seducir a las naciones. Amén.
- Miren la Cruz del Señor; y sean dispersos los poderes enemigos. R:
- El León de la tribu de Judá ha conquistado la raíz de David.
- Qué tu misericordia esté sobre nosotros, oh Señor.
-  Así como hemos tenido esperanza en Ti.
- Oh Señor, escucha nuestra oración.
-  Y deja que mi llanto llegue a Ti.
Oremos
Oh Dios, Padre nuestro, señor Jesucristo, invocamos a tu Santo Nombre, y suplicantes imploramos tu clemencia, para que por la intercesión de la siempre Virgen María, Inmaculada Madre nuestra, y por el glorioso San Miguel Arcángel, Tú te dignes ayudarnos contra Satanás y todos los demás espíritus inmundos, que andan por el mundo para hacer daño a la raza humana y para arruinar a las almas. Amén.
Fuente: Libro de la Devoción a la preciosa sangre de Nuestro Señor Jesucristo
Oración con indulgencia al dar el reloj la hora "Te ofrezco Dios mío, todos los instantes de esta hora y concédeme que los emplee en cumplir tu Santa Voluntad" El Papa San Pío X concedió 100 años de indulgencia a todos los que digan el Avemaría cuando el reloj de la hora...

 

 

 

 

 

 

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