Trono de Dios

Bendicion del Hogar

Es siempre aconsejable que un Sacerdote sea invitado para bendecir el hogar, pero como la mies es mucha y los operarios pocos, también la cabeza del hogar puede pedir la protección y Bendición de Dios .

Cuando los catolicos desean inaugurar una nueva casa invocando la protección divina, el pastor de almas y sus cooperadores accederán de buen grado a este deseo, ya que con ello se les ofrece una magnífica ocasión de entrar en contacto con aquellos fieles. Así, juntos y con alegría, dan gracias a Dios, de quien procede todo bien, por el don de una nueva vivienda.

El rito que aquí se propone pueden utilizarlo el sacerdote, el diácono, y también el laico, con los ritos y fórmulas previstos para él. No debe hacerse la bendición de la nueva casa sin la presencia de los que en ella viven.

 

RITO DE LA BENDICION

RITOS INICIALES

Reunidos en el lugar adecuado los miembros de 1a familia con sus parientes y amigos, el que dirige la celebración dice:

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

R. Amén.

El que dirige la celebración, si es sacerdote o diácono, saluda a los presentes, diciendo:

La paz del Señor a esta casa y a todos los aquí presentes.

R. Y con tu espíritu.

Si el que dirige la celebración es laico, saluda a los presentes, diciendo:

Que Dios, al que unánimes alabamos, nos conceda, por su Espíritu, estar de acuerdo entre nosotros, según Jesucristo.

R. Amén.

Luego dispone a los presentes para la celebración, con estas palabras u otras semejantes:

Queridos hermanos, dirijamos nuestra ferviente oración a Cristo, que quiso nacer de la Virgen María y habitó entre nosotros, para que se digne entrar en esta casa y bendecirla con su presencia.

Cristo, el Señor, esté aquí, en medio de vosotros, fomente vuestra caridad fraterna, participe en vuestras alegrías, os consuele en las tristezas. Y vosotros, guiados por las enseñanzas y ejemplos de Cristo, procurad, ante todo, que esta nueva casa sea hogar de caridad, desde donde se difunda ampliamente la fragancia de Cristo.

LECTURA DE LA PALABRA DE DIOS

Luego uno de los presentes o el mismo ministro, lee un texto de la sagrada Escritura.

Paz a esta casa

Escuchad ahora, hermanos, las palabras

del santo Evangelio según san Lucas.

Lucas 10, 5-9

Dijo el Señor a sus discípulos:

-«Cuando entréis en una casa, decid primero: “Paz en esta casa.” Y si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz; si no, volverá a vosotros. Quedaos en la misma casa, comed y bebed de lo que tengan, porque el obrero merece su salario. No andéis cambiando de casa en casa. Si entráis en un pueblo y os reciben bien, comed lo que os pongan, curad a los enfermos que haya, y decid: “Está cerca de vosotros el reino de Dios.”»

Palabra del Señor.

R. Gloria a ti, Señor Jesús.

LECTURAS ALTERNATIVAS

Génesis 18, 1-10a; Marcos 1, 29-30; Lucas 10, 38-42; Lucas 19, 1-9; Lucas 24, 28-32.

Según las circunstancias, se puede decir o cantar un salmo responsorial u otro canto adecuado.

SALMO RESPONSORIAL 126 (127)

R. El Señor nos construya la casa.

Si el Señor no construye la casa,

en vano se cansan los albañiles;

si el Señor no guarda la ciudad,

en vano vigilan los centinelas. R.

Es inútil que madruguéis,

que veléis hasta muy tarde,

que comáis el pan de vuestros sudores:

¡Dios lo da a sus amigos mientras duermen! R.

La herencia que da el Señor son los hijos;

su salario, el fruto del vientre:

son saetas en mano de un guerrero

los hijos de la juventud. R.

Dichoso el hombre que llena

con ellas su aljaba:

no quedará derrotado cuando litigue

con su adversario en la plaza. R.

El que dirige la celebración, según las circunstancias, exhorta brevemente a los presentes, explicándoles la lectura bíblica, para que perciban por la fe el significado de la celebración.

PRECES

Sigue la plegaria común. Entre las invocaciones que aquí se proponen, el que dirige la celebración puede seleccionar las que le parezcan más adecuadas o añadir otras más directamente relacionadas con las circunstancias de los presentes o del lugar.

Con ánimo agradecido y gozoso invoquemos al Hijo de Dios, Señor de cielo y tierra, que, hecho hombre, habitó entre nosotros, y digamos:

R. Quédate con nosotros, Señor.

Señor Jesucristo, que con María y José santificaste la vida doméstica,

-dígnate convivir con nosotros en esta casa, para que te reconozcamos como huésped y te honremos como cabeza. R.

Tú, por quien todo el edificio queda ensamblado, y se va levantando hasta formar un templo consagrado,

-haz que los habitantes de esta casa se vayan integrando en la construcción, para ser morada de Dios, por el Espíritu. R.

Tú que enseñaste a tus fieles a edificar su casa sobre piedra firme.

-haz que la vida de esta familia se apoye firmemente en tu palabra y, evitando toda división, te sirva con generosidad y de todo corazón. R.

Tú que, careciendo de morada propia, aceptaste con el gozo de la pobreza la hospitalidad de los amigos,

- haz que todos los que buscan vivienda encuentren, con nuestra ayuda, una casa digna de este nombre. R.

ORACIÓN DE BENDICIÓN

El que dirige la celebración, si es sacerdote o diácono, con las manos extendidas, de lo contrario, con las manos juntas, añade:

Asiste, Señor, a estos servidores tuyos

que, al inaugurar (hoy) esta vivienda,

imploran humildemente tu bendición

para que, cuando vivan en ella,

sientan tu presencia protectora,

cuando salgan, gocen de tu compañía,

cuando regresen,

experimenten la alegría de tenerte como huésped,

hasta que lleguen felizmente a la estancia

preparada para ellos en la casa de tu Padre.

Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.

R. Amén.

Después de la oración de bendición, el que dirige la celebración rocía con agua bendita a los presentes y la casa, diciendo:

Que esta agua nos recuerde nuestro bautismo en Cristo, que nos redimió con su muerte y resurrección.

R. Amén.

CONCLUSIÓN DEL RITO

El que dirige la celebración concluye el rito, diciendo:

Que la paz de Cristo actúe de árbitro en nuestro corazón, la palabra de Cristo habite entre nosotros en toda su riqueza, para que todo lo que de palabra o de obra realicemos, sea todo en Nombre del Señor. R. Amén.

Es aconsejable terminar el rito con un canto adecuado.

Fuente: encuentra.com

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AL PATRONO DE NUESTRA RED

HIMNO AL ARCÁNGEL SAN MIGUEL
Oh Jesús, que eres fuerza y luz del Padre,
Oh Jesús, que das vida a nuestros pechos:
Te alabamos en coro con los Ángeles,
Que siempre de tu boca están suspensos.
Millares de celestes capitanes
Militan en las huestes que acaudillas,
Pero es Miguel quien a su frente marcha
Y quien empuña la sagrada insignia.
Él es quien precipita en lo más hondo
De los infiernos al dragón funesto,
Y quien fulmina a los rebeldes todos,
Y quien los echa del baluarte excelso.
Sigamos día y noche a nuestro príncipe
Contra el fiero adalid de la soberbia,
Para que desde el trono del Cordero
Nos sea dada la corona eterna.
Gloria al Padre y que Él guarde con sus Ángeles
A los que, redimidos por su Hijo,
Fueron ungidos desde el firmamento
Por el eterno bien del Santo Espíritu.

SAN MIGUEL ARCANGUEL

San Miguel Arcanguel
Levanta el Crucifijo y reza esta oración con la señal de la cruz. Has esto en el nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo. Tú vencerás… Reza esta oración todos lo días, ya que la batalla es enorme:
"Oh Glorioso príncipe de la Hueste Celestial, San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla y en el terrible combate que estamos librando contra los principados y Potestades del aire, contra los Dominadores de este mundo tenebroso, en contra de todos los Espíritus del Mal. Ven en ayuda del hombre, a quien Dios Todopoderoso creó inmortal, hecho a su imagen y semejanza, y redimido por un gran precio, de la tiranía de Satanás. Pelea en este día la batalla del Señor, junto con los santos ángeles, igual que combatiste al líder de los orgullosos ángeles, Lucifer, y a su hueste apóstata, quienes no tuvieron poder para resistirte y tampoco hubo ya lugar para ellos en el cielo. Esa cruel serpiente antigua, llamada el diablo o Satanás, que seduce al mundo entero, fue arrojada al abismo junto con sus ángeles. Mira, este enemigo primitivo y asesino del hombre ha tomado fuerza. Transformado en un ángel de luz, anda alrededor del mundo con una multitud de espíritus perversos, invadiendo la tierra para borrar el nombre de Dios y de Jesucristo, apoderarse, asesinar y arrojar a la eterna perdición de las almas destinadas a la corona de la gloria eterna. Este malvado dragón vierte, como la inundación más impura, el veneno de su malicia en los hombres de mente depravada y corrupto corazón; el espíritu de mentira de impiedad, de blasfemia, y de aire pestilente de impureza, y de todo vicio e iniquidad. Estos astutos enemigos han llenado y embriagado con hiel y amargura esta Iglesia, la esposa del Inmaculado Cordero, y han puesto sus manos impías en sus más sagradas posesiones, con el designio inicuo de que cuando el Pastor sea herido, también las ovejas pueden ser heridas. Entonces levántate, oh Príncipe invencible, dale ayuda al pueblo de Dios en contra de los ataques de los espíritus perdidos. Dale la victoria al pueblo de Dios: Ellos te veneran como su protector y patrón; en ti la gloriosa Iglesia se regocija con tu defensa contra el maligno poder del infierno; a ti te ha confiado Dios las almas de los hombres para ser establecida en bienaventuranzas celestiales. Ora al Dios de la paz, para que ponga a Satanás bajo nuestros píes, derrotado para que no pueda más mantener al hombre en cautiverio y lastimar a la Iglesia. Ofrece nuestras oraciones a la vista del Altísimo, para que pronto pueda encontrar misericordia a los ojos del señor; y venciendo al dragón la antigua serpiente que es el diablo y Satanás, tú nuevamente lo pongas cautivo en al abismo, para que no pueda ya más seducir a las naciones. Amén.
- Miren la Cruz del Señor; y sean dispersos los poderes enemigos. R:
- El León de la tribu de Judá ha conquistado la raíz de David.
- Qué tu misericordia esté sobre nosotros, oh Señor.
-  Así como hemos tenido esperanza en Ti.
- Oh Señor, escucha nuestra oración.
-  Y deja que mi llanto llegue a Ti.
Oremos
Oh Dios, Padre nuestro, señor Jesucristo, invocamos a tu Santo Nombre, y suplicantes imploramos tu clemencia, para que por la intercesión de la siempre Virgen María, Inmaculada Madre nuestra, y por el glorioso San Miguel Arcángel, Tú te dignes ayudarnos contra Satanás y todos los demás espíritus inmundos, que andan por el mundo para hacer daño a la raza humana y para arruinar a las almas. Amén.
Fuente: Libro de la Devoción a la preciosa sangre de Nuestro Señor Jesucristo

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