Trono de Dios

"Entonces tú (mi Dios), tratándome con mano suavísima y llena de misericordia, fuiste modelando poco a poco en mi corazón. (San Agustín de Hipona)

Cuando busqué el significado del verbo "restaurar" encontré algo que me desató imágenes e historias: Restaurar es reparar una obra de arte a su estado original. Entonces vinieron a mi mente los cientos de católicos con velas encendidas entonando himnos y oraciones mientras ardía la Catedral de Notre Dame en París. Un desbordamiento de que que conmovió al mundo. Los restauradores saben el tiempo que toma devolver los monumentos, los cuadros, las esculturas a su antigua gloria. En la Palabra de Dios está muy claro cuál es el tesoro que nuestro Señor quiere restaurar: 

"Yo les daré un solo corazón y pondré en ellos un espíritu nuevo: quitaré de su carne el corazón de piedra y les daré un corazón de carne, para que caminen según mis preceptos, observen mis normas y las pongan en práctica, y así sean mi pueblo y yo sea su Dios." (Ezequiel 11:19-20)

En tu corazón desde donde todo brota. Es la obra perfecta donde el Espíritu quiere habitar, hacerlo su templo su bastión. Es tu corazón que debe ser restaurado en un corazón de carne donde quede escrita la nueva ley del amor. Un corazón limpio que debemos revisar diariamente en nuestras acciones, en nuestras palabras, en nuestra responsabilidad cívica, en nuestra actitud.

Si de tu boca no salen palabras de esperanza, si sientes que el peso de tus pecados es algo que nada puede cambiar, si te atormentan tus debilidades y has rehuido de Dios, si te consideras incapaz de perdonar, si presagias que tu país va rumbo al desastre y nadie puede evitarlo, has dejado endurecer partes de tu corazón.

La buena noticia es que hay un Padre que te ama por cada persona del mundo que te haya hecho daño, que te haya despreciado, que te haya juzgado. La restauración comienza con un acto de fe que en este momento puedes hacer, pidiendo al Padre Dios que Jesús te tome dulcemente de la mano y te acompañe escaleras abajo, a los sótanos más oscuros de tu alma y puedas reconciliar a lo interno todo lo que quisiste ser y no has sido del todo, tus debilidades, tus duelos, tus enfermedades, tus heridas.

¿POR QUE DE LA MANO DE JESUS?

Porque El es nuestra esperanza, su Espíritu es quien va a trasnformarte poco a poco todo, si asumes tus faltas conscientemente y buscas evitar nuevas ocasiones de pecar.

La batalla de la Restauración, devolvió nuestra tierra a sus legítimos dueños, los dominicanos. Es hora de que nuestro ser haya también un retorno del corazón a su legítimo dueño y creador: El que valora su obra maestra y la quiere restaurar. El país se renovará cuando cada uno de nosotros busque obrar según los preceptos de Dios. Cuando asumamos responsablemente, cada día, el papel que nos toca, cuando veamos en el hermano que sufre, un hijo lastimado de nuestro Señor.

Revisemos cada día los detalles que marcan los grandes cambios. Ceder el paso mientras conducimos, tratar con respeto y reverencia a los más desprotegidos de nuestra sociedad, al que te pide en la calle, al que te sirve día a día. Practiquemos la educación, el tacto, la gentileza, la escucha sin juicio. Una llamada, un gesto de cariño, guardar las normas de convivencia. Cuidar nuestra lengua, que siendo un órgano pequeño, puede provocar incendios, dañar reputaciones, aceptar vulgaridades, deshonrar, herir y hacernos caer en tentación antes de darnos cuenta.

Se renovará la Iglesia, como pide nuestro Papa Francisco. Todo el desorden, las muertes, las violencias, las nuevas ideologías, los abortos cambiarán si yo asumo, si yo me aferro a los sacramentos, si yo oro con fe, si yo cuido delicadamente las acciones de cada día, por imperceptibles que sean. El católico es un ser humano al que se le ha encomendado el mundo. Restaurando nuestras vidas, nuestro corazón, nuestra fuerza comunitaria en la convivencia, la celebración de los sacramentos y la oración; con la intercesión de nuestra Madre y todos los ángeles y los santos, nuestro país, la humanidad, verá cumplida la profecía de Ezequiel.

Si buen Jesús, Tú que haces nuevas todas las cosas, restáurame; que en todos te vea y que contigo emprenda la aventura de ser lo que has anhelado para mí. Que podamos lograrlo todos los dominicanos y hermanos del mundo entero.

Jesús nos ama tal y como somos. Pero como nos ama, nos anima a ser perfectos como nuestro Padre del Cielo es perfecto. Dejarnos amar, enamorar, de Cristo es el principio de la felicidad y la paz; el inicio de todo proceso de ser mejor por El y para El.

- Hortensia Alvarez

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AL PATRONO DE NUESTRA RED

HIMNO AL ARCÁNGEL SAN MIGUEL
Oh Jesús, que eres fuerza y luz del Padre,
Oh Jesús, que das vida a nuestros pechos:
Te alabamos en coro con los Ángeles,
Que siempre de tu boca están suspensos.
Millares de celestes capitanes
Militan en las huestes que acaudillas,
Pero es Miguel quien a su frente marcha
Y quien empuña la sagrada insignia.
Él es quien precipita en lo más hondo
De los infiernos al dragón funesto,
Y quien fulmina a los rebeldes todos,
Y quien los echa del baluarte excelso.
Sigamos día y noche a nuestro príncipe
Contra el fiero adalid de la soberbia,
Para que desde el trono del Cordero
Nos sea dada la corona eterna.
Gloria al Padre y que Él guarde con sus Ángeles
A los que, redimidos por su Hijo,
Fueron ungidos desde el firmamento
Por el eterno bien del Santo Espíritu.

SAN MIGUEL ARCANGUEL

San Miguel Arcanguel
Levanta el Crucifijo y reza esta oración con la señal de la cruz. Has esto en el nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo. Tú vencerás… Reza esta oración todos lo días, ya que la batalla es enorme:
"Oh Glorioso príncipe de la Hueste Celestial, San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla y en el terrible combate que estamos librando contra los principados y Potestades del aire, contra los Dominadores de este mundo tenebroso, en contra de todos los Espíritus del Mal. Ven en ayuda del hombre, a quien Dios Todopoderoso creó inmortal, hecho a su imagen y semejanza, y redimido por un gran precio, de la tiranía de Satanás. Pelea en este día la batalla del Señor, junto con los santos ángeles, igual que combatiste al líder de los orgullosos ángeles, Lucifer, y a su hueste apóstata, quienes no tuvieron poder para resistirte y tampoco hubo ya lugar para ellos en el cielo. Esa cruel serpiente antigua, llamada el diablo o Satanás, que seduce al mundo entero, fue arrojada al abismo junto con sus ángeles. Mira, este enemigo primitivo y asesino del hombre ha tomado fuerza. Transformado en un ángel de luz, anda alrededor del mundo con una multitud de espíritus perversos, invadiendo la tierra para borrar el nombre de Dios y de Jesucristo, apoderarse, asesinar y arrojar a la eterna perdición de las almas destinadas a la corona de la gloria eterna. Este malvado dragón vierte, como la inundación más impura, el veneno de su malicia en los hombres de mente depravada y corrupto corazón; el espíritu de mentira de impiedad, de blasfemia, y de aire pestilente de impureza, y de todo vicio e iniquidad. Estos astutos enemigos han llenado y embriagado con hiel y amargura esta Iglesia, la esposa del Inmaculado Cordero, y han puesto sus manos impías en sus más sagradas posesiones, con el designio inicuo de que cuando el Pastor sea herido, también las ovejas pueden ser heridas. Entonces levántate, oh Príncipe invencible, dale ayuda al pueblo de Dios en contra de los ataques de los espíritus perdidos. Dale la victoria al pueblo de Dios: Ellos te veneran como su protector y patrón; en ti la gloriosa Iglesia se regocija con tu defensa contra el maligno poder del infierno; a ti te ha confiado Dios las almas de los hombres para ser establecida en bienaventuranzas celestiales. Ora al Dios de la paz, para que ponga a Satanás bajo nuestros píes, derrotado para que no pueda más mantener al hombre en cautiverio y lastimar a la Iglesia. Ofrece nuestras oraciones a la vista del Altísimo, para que pronto pueda encontrar misericordia a los ojos del señor; y venciendo al dragón la antigua serpiente que es el diablo y Satanás, tú nuevamente lo pongas cautivo en al abismo, para que no pueda ya más seducir a las naciones. Amén.
- Miren la Cruz del Señor; y sean dispersos los poderes enemigos. R:
- El León de la tribu de Judá ha conquistado la raíz de David.
- Qué tu misericordia esté sobre nosotros, oh Señor.
-  Así como hemos tenido esperanza en Ti.
- Oh Señor, escucha nuestra oración.
-  Y deja que mi llanto llegue a Ti.
Oremos
Oh Dios, Padre nuestro, señor Jesucristo, invocamos a tu Santo Nombre, y suplicantes imploramos tu clemencia, para que por la intercesión de la siempre Virgen María, Inmaculada Madre nuestra, y por el glorioso San Miguel Arcángel, Tú te dignes ayudarnos contra Satanás y todos los demás espíritus inmundos, que andan por el mundo para hacer daño a la raza humana y para arruinar a las almas. Amén.
Fuente: Libro de la Devoción a la preciosa sangre de Nuestro Señor Jesucristo

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