El valor de una hora de adoración en la AEP

 

            Una hora de adoración ante el Santísimo tiene siempre, se haga donde se haga, un inmenso valor. La decisión de adorar regularmente, quiera Dios que a diario, al Santísimo, verdaderamente es importante y de gran trascendencia para nuestra vida, y la de los que nos rodean, más de lo que nos podemos imaginar. En definitiva, se trata de venir a encontrarnos con Jesucristo ¡resucitado y vivo!, invisible para los ojos corporales, pero real, con una realidad que, cuando llega a hacérsenos patente, nos cambia la vida, porque aunque no lo percibamos, Él exhala continuamente virtud. «No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o por una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento,con una Persona, que da nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva» ha dicho el Papa Benedicto XVI (Carta Encíclica Deus Caritas est).

            «El Maestro está aquí y te llama». Si el que anduvo hace dos mil años por Palestina y «pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo», o sea, curando a los aquejados por toda clase de males, ha resucitado y está aquí -y lo está -, ¡qué importante es venir, respondiendo a su llamada, a estar con Él! ¿Acaso no nos damos cuenta de que somos unos pobres indigentes para el bien, y no nos sentimos aquejados por tantos males, físicos o morales, nosotros mismos, nuestras familias, nuestro país,... el mundo entero?

            El mismo Jesús, en una revelación a la Beata Alejandrina Mª da Costa (1904-1955), le manifestó: «Habla en mi nombre y di que todos los que reciban la Sagrada Comunión con humildad, fervor y amor los seis primeros jueves consecutivos yhagan una hora de adoración ante es Sagrario en íntima unión conmigo, les prometo el Cielo».

            Si esto promete el Señor, en su magnanimidad e infinita Misericordia, a quien lo reciba y lo adore una hora “solamente” durante seis primeros jueves consecutivos, ¿qué valor tendrá recibirlo y perseverar en la hora de adoración hasta el final de la vida? ¿Quizás, además de la nuestra, no salvaríamos, por nuestra intercesión, muchas otras? ¿No nos dijo nuestra Madre en Fátima que “muchas almas se pierden porque no hay nadie que pida y se sacrifique por ellas”? Sí, sólo en el cielo nos daremos plena cuenta de su valor.

            Entonces, si una hora de adoración es ya tan importante, ¿el hecho de que se haga en la capilla o iglesia de la Adoración Perpetua, añade algún valor? 

            Ante todo, debemos caer en la cuenta de que el valor de nuestra hora de adoración no se lo da ni el esfuerzo o sacrificio que nos cuesta algunas veces venir, más si es en horas intempestivas de la noche o de la madrugada, que humanamente valoramos como de algún mérito; ni siquiera se lo da la firmeza de nuestro compromiso o nuestra fidelidad, virtudes especialmente apreciadas, por lo “exóticas”, en estos tiempos. Todo esto, aún teniendo valor, no constituye más que los “dos panes y cinco peces”. ¿Qué es una hora o dos entre las ciento sesenta y ocho de la semana o ante las miles de la vida que Dios nos regala? Y en definitiva, si tenemos salud, fuerzas y ganas, o firmeza y fidelidad para venir, ¿a quién se lo debemos sino a Él?

            No, el verdadero valor de nuestra hora de adoración está justamente en que ya no es nuestra sino suya, porque se la hemos ofrecido y entregado. ¡Y Él  la ha aceptado! (lo demuestra facilitando y permitiendo que la podamos hacer). Y quien prometió que “ni un vaso de agua que deis a alguno de estos mis hermanos más pequeños, quedará sin recompensa”, ¿dejará de agradecer la hora fiel que le ofrecemos a Él directamente? ¡A Él, que no se deja ganar por nadie en generosidad!

            Y sobre todo, ¿dejará de hacer con nuestra pequeña hora, con esos apenas “dos panes y cinco peces que tenía un muchacho que había por allí”, el milagro de “dar de comer a más de cinco mil hombres” que tanto le interesa hacer?          

            Nuestra hora de adoración Le permite, a través de la Sagrada Hostia en la exposición permanente de la capilla, derramar su Misericordia a toda la Humanidad, como le dijo a Santa Faustina Kowalska, especialmente a todos los que se acerquen por allí. Y son cientos, miles, seguro que más de cinco mil, los que a lo largo del año pasan, y a muchos, a poco que lo deseen y pidan, “les dará de comer”. Bien sabe que si no, “desfallecerán por el camino”.

            Además, acompañándole, entre todos, las veinticuatro horas del día, estamos, en la pequeña medida de que somos capaces, correspondiendo a su Amor, que le hizo quedarse, Él siempre el primero, con nosotros todos los días - las veinticuatro horas - ... ¡hasta el fin del mundo!

            Y, sencillamente, viniendo día y noche, estamos proclamando a nosotros mismos, ala Iglesia y al mundo entero, que creemos que Él está aquí y que valoramos y agradecemos que lo esté, y manifestamos, y se lo expresamos a Él, que es lo mejor que nos ha pasado, que es nuestro gozo y alegría, ... que es la Defensa de nuestra vida, que nos ha tocado un Lote hermoso - infinitamente más grande que “el gordo” -, ¡que nos encanta nuestra Heredad! (cf Sal 15).


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AL PATRONO DE NUESTRA RED

Oración:

"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla. Sé nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del demonio. Que Dios manifieste su poder, pedimos suplicantes. Y tú, Príncipe de las Milicias Celestiales, con el poder que Dios te ha conferido, arroja al infierno a Satanás y a los otros espíritus malignos que vagan por el mundo para la perdición de las almas. Amén."

HIMNO AL ARCÁNGEL SAN MIGUEL
Oh Jesús, que eres fuerza y luz del Padre,
Oh Jesús, que das vida a nuestros pechos:
Te alabamos en coro con los Ángeles,
Que siempre de tu boca están suspensos.
Millares de celestes capitanes
Militan en las huestes que acaudillas,
Pero es Miguel quien a su frente marcha
Y quien empuña la sagrada insignia.
Él es quien precipita en lo más hondo
De los infiernos al dragón funesto,
Y quien fulmina a los rebeldes todos,
Y quien los echa del baluarte excelso.
Sigamos día y noche a nuestro príncipe
Contra el fiero adalid de la soberbia,
Para que desde el trono del Cordero
Nos sea dada la corona eterna.
Gloria al Padre y que Él guarde con sus Ángeles
A los que, redimidos por su Hijo,
Fueron ungidos desde el firmamento
Por el eterno bien del Santo Espíritu.

SAN MIGUEL ARCANGUEL

San Miguel Arcanguel
Levanta el Crucifijo y reza esta oración con la señal de la cruz. Has esto en el nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo. Tú vencerás… Reza esta oración todos lo días, ya que la batalla es enorme:
"Oh Glorioso príncipe de la Hueste Celestial, San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla y en el terrible combate que estamos librando contra los principados y Potestades del aire, contra los Dominadores de este mundo tenebroso, en contra de todos los Espíritus del Mal. Ven en ayuda del hombre, a quien Dios Todopoderoso creó inmortal, hecho a su imagen y semejanza, y redimido por un gran precio, de la tiranía de Satanás. Pelea en este día la batalla del Señor, junto con los santos ángeles, igual que combatiste al líder de los orgullosos ángeles, Lucifer, y a su hueste apóstata, quienes no tuvieron poder para resistirte y tampoco hubo ya lugar para ellos en el cielo. Esa cruel serpiente antigua, llamada el diablo o Satanás, que seduce al mundo entero, fue arrojada al abismo junto con sus ángeles. Mira, este enemigo primitivo y asesino del hombre ha tomado fuerza. Transformado en un ángel de luz, anda alrededor del mundo con una multitud de espíritus perversos, invadiendo la tierra para borrar el nombre de Dios y de Jesucristo, apoderarse, asesinar y arrojar a la eterna perdición de las almas destinadas a la corona de la gloria eterna. Este malvado dragón vierte, como la inundación más impura, el veneno de su malicia en los hombres de mente depravada y corrupto corazón; el espíritu de mentira de impiedad, de blasfemia, y de aire pestilente de impureza, y de todo vicio e iniquidad. Estos astutos enemigos han llenado y embriagado con hiel y amargura esta Iglesia, la esposa del Inmaculado Cordero, y han puesto sus manos impías en sus más sagradas posesiones, con el designio inicuo de que cuando el Pastor sea herido, también las ovejas pueden ser heridas. Entonces levántate, oh Príncipe invencible, dale ayuda al pueblo de Dios en contra de los ataques de los espíritus perdidos. Dale la victoria al pueblo de Dios: Ellos te veneran como su protector y patrón; en ti la gloriosa Iglesia se regocija con tu defensa contra el maligno poder del infierno; a ti te ha confiado Dios las almas de los hombres para ser establecida en bienaventuranzas celestiales. Ora al Dios de la paz, para que ponga a Satanás bajo nuestros píes, derrotado para que no pueda más mantener al hombre en cautiverio y lastimar a la Iglesia. Ofrece nuestras oraciones a la vista del Altísimo, para que pronto pueda encontrar misericordia a los ojos del señor; y venciendo al dragón la antigua serpiente que es el diablo y Satanás, tú nuevamente lo pongas cautivo en al abismo, para que no pueda ya más seducir a las naciones. Amén.
- Miren la Cruz del Señor; y sean dispersos los poderes enemigos. R:
- El León de la tribu de Judá ha conquistado la raíz de David.
- Qué tu misericordia esté sobre nosotros, oh Señor.
-  Así como hemos tenido esperanza en Ti.
- Oh Señor, escucha nuestra oración.
-  Y deja que mi llanto llegue a Ti.
Oremos
Oh Dios, Padre nuestro, señor Jesucristo, invocamos a tu Santo Nombre, y suplicantes imploramos tu clemencia, para que por la intercesión de la siempre Virgen María, Inmaculada Madre nuestra, y por el glorioso San Miguel Arcángel, Tú te dignes ayudarnos contra Satanás y todos los demás espíritus inmundos, que andan por el mundo para hacer daño a la raza humana y para arruinar a las almas. Amén.
Fuente: Libro de la Devoción a la preciosa sangre de Nuestro Señor Jesucristo
Oración con indulgencia al dar el reloj la hora "Te ofrezco Dios mío, todos los instantes de esta hora y concédeme que los emplee en cumplir tu Santa Voluntad" El Papa San Pío X concedió 100 años de indulgencia a todos los que digan el Avemaría cuando el reloj de la hora...

 

 

 

 

 

 

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