Fernando Pascual, L.C.

La pregunta está en el aire: ¿cuándo empieza a ser digno un ser humano? ¿En la fecundación? ¿En el tercer mes de embarazo? ¿En el parto?

        Llegar a una respuesta clara tiene consecuencias importantes para los jueces, para los políticos, para los médicos, para los padres: si la nueva vida es digna desde la concepción, el aborto sería claramente un acto injusto. Si la vida es digna más tarde (¿cuándo?), podría ser lícito el aborto antes de ese momento.

        Pero hablar de cuándo inicia la dignidad de un ser humano supone resolver antes otras preguntas: ¿por qué un ser humano es digno? ¿Dónde se funda tal dignidad? ¿De qué depende? ¿Es algo constante o cambia con el pasar del tiempo? ¿Se puede per der la dignidad?

        Para algunos, la dignidad sería algo subjetivo: es digno aquel ser humano que aprecia su propia vida, la defiende, la cuida, exige a los demás que le respeten. Esta respuesta es interesante, pero problemática, pues un niño recién nacido n o aprecia (racionalmente) su vida, como tampoco la apreciamos durante las horas de sueño, o después de un fuerte golpe de cabeza que nos deja inconscientes. Además, hay quienes, incluso con buena salud física, odian su vida, se autodeclaran “indignos”. ¿Han perdido, entonces, su “dignidad”?

        Para otros, la dignidad se fundaría en el reconocimiento social. Un ser humano empezaría a ser digno desde la mirada de quienes lo ven, lo aceptan, lo aprecian, lo protegen. Esta respuesta recoge un fondo bueno, pues la dignidad interpela a los otros. Pero también genera situaciones difíciles. ¿Es digno un hijo no amado por sus padres? ¿Es digno un político fracasado cuando es abucheado por la gente? ¿Es digno un enfermo que pasa sus días en una sala de hospital entre la indiferencia de algunos de los que deberían cuidarlo?

        Existe un camino de reflexiones que funda la dignidad humana en Dios. Por poseer un alma espiritual, por recibir de Dios un soplo especial, por estar orientado hacia lo eterno, cada hombre, cada mujer , desde su concepción, tendrían un valor enorme, superior a todas las estrellas y a todas las cuentas bancarias. Esta respuesta ancla a la dignidad en algo superior, no arbitrario, pero encuentra dificultades entre quienes no creen en Dios. Para los ateos, ¿cómo se puede fundar la dignidad humana?

        La dignidad humana no puede basarse en la apreciación subjetiva ni en el parecer de los que viven a nuestro lado, pues de lo contrario sería algo sumamente frágil y voluble. Entonces, ¿en qué se basa? ¿Por qué de seamos encontrar una base firme y estable para justificar la dignidad de cada ser humano? Son preguntas sobre las que vale la pena detenerse, para abrir caminos de respuesta no sólo convincentes, sino, sobre todo, verdaderos.

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AL PATRONO DE NUESTRA RED

HIMNO AL ARCÁNGEL SAN MIGUEL
Oh Jesús, que eres fuerza y luz del Padre,
Oh Jesús, que das vida a nuestros pechos:
Te alabamos en coro con los Ángeles,
Que siempre de tu boca están suspensos.
Millares de celestes capitanes
Militan en las huestes que acaudillas,
Pero es Miguel quien a su frente marcha
Y quien empuña la sagrada insignia.
Él es quien precipita en lo más hondo
De los infiernos al dragón funesto,
Y quien fulmina a los rebeldes todos,
Y quien los echa del baluarte excelso.
Sigamos día y noche a nuestro príncipe
Contra el fiero adalid de la soberbia,
Para que desde el trono del Cordero
Nos sea dada la corona eterna.
Gloria al Padre y que Él guarde con sus Ángeles
A los que, redimidos por su Hijo,
Fueron ungidos desde el firmamento
Por el eterno bien del Santo Espíritu.

SAN MIGUEL ARCANGUEL

San Miguel Arcanguel
Levanta el Crucifijo y reza esta oración con la señal de la cruz. Has esto en el nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo. Tú vencerás… Reza esta oración todos lo días, ya que la batalla es enorme:
"Oh Glorioso príncipe de la Hueste Celestial, San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla y en el terrible combate que estamos librando contra los principados y Potestades del aire, contra los Dominadores de este mundo tenebroso, en contra de todos los Espíritus del Mal. Ven en ayuda del hombre, a quien Dios Todopoderoso creó inmortal, hecho a su imagen y semejanza, y redimido por un gran precio, de la tiranía de Satanás. Pelea en este día la batalla del Señor, junto con los santos ángeles, igual que combatiste al líder de los orgullosos ángeles, Lucifer, y a su hueste apóstata, quienes no tuvieron poder para resistirte y tampoco hubo ya lugar para ellos en el cielo. Esa cruel serpiente antigua, llamada el diablo o Satanás, que seduce al mundo entero, fue arrojada al abismo junto con sus ángeles. Mira, este enemigo primitivo y asesino del hombre ha tomado fuerza. Transformado en un ángel de luz, anda alrededor del mundo con una multitud de espíritus perversos, invadiendo la tierra para borrar el nombre de Dios y de Jesucristo, apoderarse, asesinar y arrojar a la eterna perdición de las almas destinadas a la corona de la gloria eterna. Este malvado dragón vierte, como la inundación más impura, el veneno de su malicia en los hombres de mente depravada y corrupto corazón; el espíritu de mentira de impiedad, de blasfemia, y de aire pestilente de impureza, y de todo vicio e iniquidad. Estos astutos enemigos han llenado y embriagado con hiel y amargura esta Iglesia, la esposa del Inmaculado Cordero, y han puesto sus manos impías en sus más sagradas posesiones, con el designio inicuo de que cuando el Pastor sea herido, también las ovejas pueden ser heridas. Entonces levántate, oh Príncipe invencible, dale ayuda al pueblo de Dios en contra de los ataques de los espíritus perdidos. Dale la victoria al pueblo de Dios: Ellos te veneran como su protector y patrón; en ti la gloriosa Iglesia se regocija con tu defensa contra el maligno poder del infierno; a ti te ha confiado Dios las almas de los hombres para ser establecida en bienaventuranzas celestiales. Ora al Dios de la paz, para que ponga a Satanás bajo nuestros píes, derrotado para que no pueda más mantener al hombre en cautiverio y lastimar a la Iglesia. Ofrece nuestras oraciones a la vista del Altísimo, para que pronto pueda encontrar misericordia a los ojos del señor; y venciendo al dragón la antigua serpiente que es el diablo y Satanás, tú nuevamente lo pongas cautivo en al abismo, para que no pueda ya más seducir a las naciones. Amén.
- Miren la Cruz del Señor; y sean dispersos los poderes enemigos. R:
- El León de la tribu de Judá ha conquistado la raíz de David.
- Qué tu misericordia esté sobre nosotros, oh Señor.
-  Así como hemos tenido esperanza en Ti.
- Oh Señor, escucha nuestra oración.
-  Y deja que mi llanto llegue a Ti.
Oremos
Oh Dios, Padre nuestro, señor Jesucristo, invocamos a tu Santo Nombre, y suplicantes imploramos tu clemencia, para que por la intercesión de la siempre Virgen María, Inmaculada Madre nuestra, y por el glorioso San Miguel Arcángel, Tú te dignes ayudarnos contra Satanás y todos los demás espíritus inmundos, que andan por el mundo para hacer daño a la raza humana y para arruinar a las almas. Amén.
Fuente: Libro de la Devoción a la preciosa sangre de Nuestro Señor Jesucristo

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