Cristo Jesús, de condición divina, se despojó de sí mismo (Filipenses 1:11)

El Prefacio de la Plegaria Eucarística II proclama que Jesucristo "extendió entre el cielo y la tierra sus brazos en la cruz, y así adquirió para Dios un pueblo santo", familia y comunidad de los creyentes. La Plegaria Eucarística de Reconciliación proclama: "Cuando nosotros estábamos perdidos y éramos incapaces de volver a Dios, Jesucristo que es el único justo, se ofreció a sí mismo... pero antes de que sus brazos extendidos entre el cielo y la tierra trazasen el signo indeleble de su alianza, quiso celebrar la Pascua con sus discípulos".

Y continúa la plegaria con la epíclesis o invocación al Espíritu Santo sobre las ofrendas de pan y vino para transformarse sacramentalmente en el cuerpo y sangre de Jesucristo. He aquí el sacramento de nuestra fe, el misterio de nuestra salvación, la redención que nos adquirió Jesucristo, conformada por cinco escalones sucesivos para el perdón del pecado del mundo:

  • La Pasión de nuestro Señor Jesucristo explicada devocionalmente en el Viacrucis en sus 15 estaciones. San Juan Pablo II es quien agrega, a las 14 estaciones, la Resurrección del Señor para indicar que la cruz no es un fin sino un medio que debe concretarse en las 14 obras de misericordia. El Papa Francisco ha sugerido una obra de misericordia decimoquinta con el cuidado del medio ambiente.
  • La muerte cruenta de Jesucristo en la cruz, tras su derramamiento de sangre.
  • La Resurrección de entre los muertos al tercer día, después de haber descendido a los infiernos y haber predicado a aquellos que moraban en el lugar de los muertos.
  • La Ascensión del Señor a los cielos y su entronización como Señor de cielo y tierra, de todo principado, dominio y potestad.
  • El envío del Espíritu Santo para recrear la faz de la tierra a través de su sacramento de salvación que es la Iglesia.

La destrucción de la muerte desde el madero de la cruz, como una de las dimensiones fundamentales de la Buena Noticia, fue difícil de asimilar a las comunidades cristianas de los primeros tiempos. La experiencia de los discípulos de Emaús (cf. Lc 24:13-35) que le conocieron cuando el Resucitado les explicaba que el Mesías debía sufrir, ser entregado y aniquilado en manos de las autoridades religiosas, para que después de muerto, resucitar de acuerdo a Moisés, los profetas y los sabios, lleva a los Discípulos del Camino de la confusión a que se les abran los ojos, y a acoger la invitación al tercer peregrino que les sale al encuentro cuando cae la tarde.

Al partir el pan, al comulgar, ven al Señor resucitado, a quien reconocen. De inmediato desaparece y se queda presente en las especies que están sobre el altar de la cruz, en la comunión con cada uno de los discípulos y especialmente en los que sufren.

Esto mueve a los discípulos que han comulgado a ir a unirse a Pedro y a los otros apóstoles que han de anunciar a una voz: "Jesús es mi salvador... Vengan todos a la mesa del Señor, presencia viva en nuestras principales devociones cristológicas del Tiempo Ordinario:

Un corazón abierto: el Sagrado Corazón de Jesús, de donde brota agua, sangre y Espíritu Santo.

Un Sumo y Eterno Sacerdote: Jesucristo, sacrificio, víctima y altar.

El Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad de Jesucristo, presente realmente en el Santísimo Sacramento de nuestra fe.

La sabiduría práctica del diario vivir, muy valorada como compendio del Antiguo Testamento y del mundo clásico, es adjudicada por San Pablo a la cruz de Jesucristo, árbol de la vida, sabiduría de Dios que erradicaba la maldición. Es el evangelista San Juan quien declara que, cuando sea levantado Jesucristo, atraerá a todos hacia sí.

Santo Tomás, el apóstol, no creyó al estar ausente en la primera aparición del Resucitado, el primer día de la semana (cf. Jn 20). Como condición, pidió tocar el costado y las llagas del crucificado, pero no fue necesario. El saludo de paz y comunión con el Salvador y sus hermanos lo llevaron a la bienaventuranza de proclamarlo: "Señor mío y Dios mío".

El Bautismo es el inicio en la participación comunitaria del cáliz de la cruz y resurrección de Jesús Salvador, sabiduría práctica de Dios en:

  • La verticalidad de la cruz, que hace presente los tres primeros mandamientos desde la fe, esperanza y caridad de la nueva vida en el Espíritu Santo y de las tres primeras peticiones del Padrenuestro.
  • Su horizontalidad refiere a los siete mandamientos para la vida en comunidad y las cuatro peticiones de la oración del Señor para una plenitud de vida.

Queda el poner por obra lo que la salvación nos ha develado anteriormente expresado desde el Bautismo.

P. Manuel Antonio García Salcedo, Arquidiócesis de Santo Domingo

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AL PATRONO DE NUESTRA RED

HIMNO AL ARCÁNGEL SAN MIGUEL
Oh Jesús, que eres fuerza y luz del Padre,
Oh Jesús, que das vida a nuestros pechos:
Te alabamos en coro con los Ángeles,
Que siempre de tu boca están suspensos.
Millares de celestes capitanes
Militan en las huestes que acaudillas,
Pero es Miguel quien a su frente marcha
Y quien empuña la sagrada insignia.
Él es quien precipita en lo más hondo
De los infiernos al dragón funesto,
Y quien fulmina a los rebeldes todos,
Y quien los echa del baluarte excelso.
Sigamos día y noche a nuestro príncipe
Contra el fiero adalid de la soberbia,
Para que desde el trono del Cordero
Nos sea dada la corona eterna.
Gloria al Padre y que Él guarde con sus Ángeles
A los que, redimidos por su Hijo,
Fueron ungidos desde el firmamento
Por el eterno bien del Santo Espíritu.

SAN MIGUEL ARCANGUEL

San Miguel Arcanguel
Levanta el Crucifijo y reza esta oración con la señal de la cruz. Has esto en el nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo. Tú vencerás… Reza esta oración todos lo días, ya que la batalla es enorme:
"Oh Glorioso príncipe de la Hueste Celestial, San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla y en el terrible combate que estamos librando contra los principados y Potestades del aire, contra los Dominadores de este mundo tenebroso, en contra de todos los Espíritus del Mal. Ven en ayuda del hombre, a quien Dios Todopoderoso creó inmortal, hecho a su imagen y semejanza, y redimido por un gran precio, de la tiranía de Satanás. Pelea en este día la batalla del Señor, junto con los santos ángeles, igual que combatiste al líder de los orgullosos ángeles, Lucifer, y a su hueste apóstata, quienes no tuvieron poder para resistirte y tampoco hubo ya lugar para ellos en el cielo. Esa cruel serpiente antigua, llamada el diablo o Satanás, que seduce al mundo entero, fue arrojada al abismo junto con sus ángeles. Mira, este enemigo primitivo y asesino del hombre ha tomado fuerza. Transformado en un ángel de luz, anda alrededor del mundo con una multitud de espíritus perversos, invadiendo la tierra para borrar el nombre de Dios y de Jesucristo, apoderarse, asesinar y arrojar a la eterna perdición de las almas destinadas a la corona de la gloria eterna. Este malvado dragón vierte, como la inundación más impura, el veneno de su malicia en los hombres de mente depravada y corrupto corazón; el espíritu de mentira de impiedad, de blasfemia, y de aire pestilente de impureza, y de todo vicio e iniquidad. Estos astutos enemigos han llenado y embriagado con hiel y amargura esta Iglesia, la esposa del Inmaculado Cordero, y han puesto sus manos impías en sus más sagradas posesiones, con el designio inicuo de que cuando el Pastor sea herido, también las ovejas pueden ser heridas. Entonces levántate, oh Príncipe invencible, dale ayuda al pueblo de Dios en contra de los ataques de los espíritus perdidos. Dale la victoria al pueblo de Dios: Ellos te veneran como su protector y patrón; en ti la gloriosa Iglesia se regocija con tu defensa contra el maligno poder del infierno; a ti te ha confiado Dios las almas de los hombres para ser establecida en bienaventuranzas celestiales. Ora al Dios de la paz, para que ponga a Satanás bajo nuestros píes, derrotado para que no pueda más mantener al hombre en cautiverio y lastimar a la Iglesia. Ofrece nuestras oraciones a la vista del Altísimo, para que pronto pueda encontrar misericordia a los ojos del señor; y venciendo al dragón la antigua serpiente que es el diablo y Satanás, tú nuevamente lo pongas cautivo en al abismo, para que no pueda ya más seducir a las naciones. Amén.
- Miren la Cruz del Señor; y sean dispersos los poderes enemigos. R:
- El León de la tribu de Judá ha conquistado la raíz de David.
- Qué tu misericordia esté sobre nosotros, oh Señor.
-  Así como hemos tenido esperanza en Ti.
- Oh Señor, escucha nuestra oración.
-  Y deja que mi llanto llegue a Ti.
Oremos
Oh Dios, Padre nuestro, señor Jesucristo, invocamos a tu Santo Nombre, y suplicantes imploramos tu clemencia, para que por la intercesión de la siempre Virgen María, Inmaculada Madre nuestra, y por el glorioso San Miguel Arcángel, Tú te dignes ayudarnos contra Satanás y todos los demás espíritus inmundos, que andan por el mundo para hacer daño a la raza humana y para arruinar a las almas. Amén.
Fuente: Libro de la Devoción a la preciosa sangre de Nuestro Señor Jesucristo

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