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Grupo de Articulos y Oraciones en la lengua de la iglesia.

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Amar al Latin

Queridos hermanos, a más de uno les parecerá un despropósito tal propuesta de amar el latín; algo arcaico, me dirán, que no va con la realidad de los tiempos, propio de quienes viven anclados en el pasado, o más bien de nostálgicos que no se resisten ponerse al día. Muchos descalificativos se podrían decir a esta propuesta. Pero a pesar de las críticas, les animo a que amen el latín, o lo que lo mismo a que lo utilicen en sus oraciones. Al latín se le llega a amar, llegando a formar parte de pleno derecho en la vida de religiosa y de piedad de la persona. Tiene el atractivo del misterio, del respeto por su antigüedad, por ser la lengua eclesiástica por excelencia en la Iglesia, y lo es por méritos propios, pues sus características de precisión, concisión, que como lengua única ha fijado de forma excepcional los conceptos fundamentales de la fe católica.

Al rezar en latín, aun cuando no se entienda que es lo normal, de alguna forma nos sentimos desplazados de nosotros mismos, y nos introducimos como en una dimensión, ajena a nuestra realidad cotidiana, que nos une a una realidad mística, celestial, que es el Cuerpo místico de la Iglesia. De nuestra limitada lengua vernácula que nos mantiene sujetos, anclados a nuestro pequeño espacio cultural de nuestro entorno, región o país, pasamos al espacio sin fronteras del Iglesia universal; dejamos las limitaciones de lengua vernácula, pasando al espacio infinito del latín. Porque la lengua latina nos une con los siglos pasados, con las generaciones pasadas, que siguen presentes en la vida de la Iglesia, al seguir recordando a los santos y mártires, al seguir profesando la fe recibida y definida siglos atrás; nos mantiene unidos al presente de la Iglesia mística, al futuro de la única verdad que no cambia, porque es la verdad que viene desde el origen en su caminar firme y seguro hacia la vida eterna.

La vida que tienen en sí el latín nos recuerda, nos actualiza, nos une a nuestra fe; el latín es algo así como el fiable vehículo por donde la fe transita, y lo ha hecho a lo largo de los siglos. Me dirán, ¿pero no es una lengua muerta? Sí, una lengua muerta y viva. Lengua muerta porque no ha evolucionado y porque ya no se utiliza; pero a pesar de ello es una lengua muy viva –y esto sólo ocurre con el latín-; viva porque el misterio de la fe se ha fijado en lengua latina, porque la gloria a Dios se ha expresado en latín, porque el latín a mantenido la unidad de la Iglesia. El latín ha sido la gloria de la Iglesia. Una vez más lo repito, al rezar en latín uno sale de las pobres limitaciones de su lengua vernácula para unirse a la Iglesia universal y toda su secular tradición.

La lengua latina eclesiástica es reverente en sus expresiones, cuidadosa en sus términos, busca sólo a Dios para darle toda la gloria; todo es santo, devoto y todo mira a la salvación del alma y a la gloria de Dios. Cuántas veces oímos decir: ¿pero si no entiendes lo que lees? No lo entiendo por ahora, pero lo que sí sé con certeza es lo que he leído da mucha gloria a Dios. De esto no hay la menor duda. Y ya esta certeza alegra al alma y la sume en íntimo gozo. Aunque no se entienda, que por cierto con el tiempo se llega a entender lo que uno lee de forma repetida, en latín llena el alma; pues es necesario solamente rezar con amor para dar gloria a Dios en la lengua que ha caracterizado a nuestra Iglesia y a nuestra fe católica. Cuánto respeto infunde el latín, no permite ligerezas, ni liviandades, todo él es profundo, recogido, medido, y todo par la gloria de Dios. Al rezar en latín nos vemos sometidos al texto.

Nunca se han podido escribir expresiones más piadosas y hermosas referentes a la Tres Divinas Personas, a la Santísima Virgen, a los Santos, etc., que las que se han escrito en latín, y que llenan el alma de profundísima unción espiritual; baste recorrer el Breviario tradicional, el mismo Misal Romano, entre otros tantos y tantos textos de la Iglesia, para encontrar hermosísimas expresiones, que tan sólo pronunciarlas salta el corazón de gozo.

Recen en latín, e intenten amarlo, habrá un antes y un después en su vida de oración. Empiece ahora mismo, memorice esta preciosa jaculatoria de San Francisco de Asís: Deus meus et omnia -Mi Dios y todas la cosas.

¡Adelante el latín! ¡Adelante la fe católica!

Ave María Purísima.

Padre Juan Manuel Rodríguez de la Rosa

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El Latin y el Magisterio de la Iglesia.

Iniciada por Juan Carlos Arriagada Nov 27, 2017. 0 Respuestas

Tras el Concilio Vaticano II la decadencia del latín ha sido imparable, ¿pero a caso animada por los documentos conciliares? Una lectura a estos documentos nos ayudará a comprender que no. Pero la…Continuar

Etiquetas: Latin

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Comentario de Beatriz el febrero 25, 2018 a las 5:17pm

Buenas tardes de domingo.

Me gustaba el latín, cuando iba al instituto. Claro que pertenezco al inicio de la decadencia del bachillerato, es decir, a las primeras promociones de BUP. Así que sólo lo estudié tres años. Y sólo traducíamos del latín al español. Textos, no libros completos. Lo más sencillo: La Guerra de las Galias, La Conjuración de Catilina, La Eneida. 

Arma Virumque cano

El catedrático nos recomendaba que, antes de iniciar la traducción, subrayáramos los verbos. Con una raya las formas personales, y con dos las impersonales. Así sabríamos si se trataba de un verbo transitivo, por ejemplo. Y tendríamos idea de qué complementos formarían el predicado, ayudándonos a distinguir el caso aunque no conociéramos la palabra. Lo mismo si se trataba de un gerundio, un supino, un infinitivo. Es decir, se analizaba sintáctiamente a la vez que se traducía. Eso sí, ayudándonos de un diccionario VOX, siempre que la gramática histórica no nos ayudara mediante deducción. Para mí era una diversión. Aunque ya no me queda nada de aquello, salvo la manía de buscar la etimología de las palabras.

También recuerdo perfectamente que nos decía que en latín no existía el sonido "B", y que la "V" debía pronunciarse como "U". O que no existía el sonido  /G/

También recuerdo vagamente que así era en el latín clásico.

Así que cuando rezo Salve Regina procuro seguir sus instrucciones pero quizá lo haga mal. No guemens sino  gemens, por ejemplo.

Me gustaría poder seguir estudiándolo. Pero ni siquiera deben de quedar profesores.

Me ha gustado muchísimo la introducción del Padre Lucas Prados.

Un cordial saludo

Comentario de Christian Avellaneda el diciembre 13, 2017 a las 2:18am

Para  Laly Orellano

Te paso el siguiente enlace: https://academialatin.com

Comentario de Christian Avellaneda el diciembre 13, 2017 a las 2:06am

Comentario de Laly Orellano el diciembre 9, 2017 a las 7:53pm

Hola a todos! La paz de Nuestro Señor Jesucristo esté con todos ustedes!

Estoy aprendiendo latin con uno de mis hijos y se van a seguir sumando los demás, si pueden ayudarme con lo que se responde en la Misa Tridentina en latín, y lo que puedan estaré muy agradecida.

Dios los bendiga!

Irene Orellano ( Laly)

 

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                   BIBLIOTECA MARIANA:

Oración con indulgencia al dar el reloj la hora "Te ofrezco Dios mío, todos los instantes de esta hora y concédeme que los emplee en cumplir tu Santa Voluntad" El Papa San Pío X concedió 100 años de indulgencia a todos los que digan el Avemaría cuando el reloj de la hora en punto.

AL PATRONO DE NUESTRA RED

HIMNO AL ARCÁNGEL SAN MIGUEL
Oh Jesús, que eres fuerza y luz del Padre,
Oh Jesús, que das vida a nuestros pechos:
Te alabamos en coro con los Ángeles,
Que siempre de tu boca están suspensos.
Millares de celestes capitanes
Militan en las huestes que acaudillas,
Pero es Miguel quien a su frente marcha
Y quien empuña la sagrada insignia.
Él es quien precipita en lo más hondo
De los infiernos al dragón funesto,
Y quien fulmina a los rebeldes todos,
Y quien los echa del baluarte excelso.
Sigamos día y noche a nuestro príncipe
Contra el fiero adalid de la soberbia,
Para que desde el trono del Cordero
Nos sea dada la corona eterna.
Gloria al Padre y que Él guarde con sus Ángeles
A los que, redimidos por su Hijo,
Fueron ungidos desde el firmamento
Por el eterno bien del Santo Espíritu.

SAN MIGUEL ARCANGUEL

San Miguel Arcanguel
Levanta el Crucifijo y reza esta oración con la señal de la cruz. Has esto en el nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo. Tú vencerás… Reza esta oración todos lo días, ya que la batalla es enorme:
"Oh Glorioso príncipe de la Hueste Celestial, San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla y en el terrible combate que estamos librando contra los principados y Potestades del aire, contra los Dominadores de este mundo tenebroso, en contra de todos los Espíritus del Mal. Ven en ayuda del hombre, a quien Dios Todopoderoso creó inmortal, hecho a su imagen y semejanza, y redimido por un gran precio, de la tiranía de Satanás. Pelea en este día la batalla del Señor, junto con los santos ángeles, igual que combatiste al líder de los orgullosos ángeles, Lucifer, y a su hueste apóstata, quienes no tuvieron poder para resistirte y tampoco hubo ya lugar para ellos en el cielo. Esa cruel serpiente antigua, llamada el diablo o Satanás, que seduce al mundo entero, fue arrojada al abismo junto con sus ángeles. Mira, este enemigo primitivo y asesino del hombre ha tomado fuerza. Transformado en un ángel de luz, anda alrededor del mundo con una multitud de espíritus perversos, invadiendo la tierra para borrar el nombre de Dios y de Jesucristo, apoderarse, asesinar y arrojar a la eterna perdición de las almas destinadas a la corona de la gloria eterna. Este malvado dragón vierte, como la inundación más impura, el veneno de su malicia en los hombres de mente depravada y corrupto corazón; el espíritu de mentira de impiedad, de blasfemia, y de aire pestilente de impureza, y de todo vicio e iniquidad. Estos astutos enemigos han llenado y embriagado con hiel y amargura esta Iglesia, la esposa del Inmaculado Cordero, y han puesto sus manos impías en sus más sagradas posesiones, con el designio inicuo de que cuando el Pastor sea herido, también las ovejas pueden ser heridas. Entonces levántate, oh Príncipe invencible, dale ayuda al pueblo de Dios en contra de los ataques de los espíritus perdidos. Dale la victoria al pueblo de Dios: Ellos te veneran como su protector y patrón; en ti la gloriosa Iglesia se regocija con tu defensa contra el maligno poder del infierno; a ti te ha confiado Dios las almas de los hombres para ser establecida en bienaventuranzas celestiales. Ora al Dios de la paz, para que ponga a Satanás bajo nuestros píes, derrotado para que no pueda más mantener al hombre en cautiverio y lastimar a la Iglesia. Ofrece nuestras oraciones a la vista del Altísimo, para que pronto pueda encontrar misericordia a los ojos del señor; y venciendo al dragón la antigua serpiente que es el diablo y Satanás, tú nuevamente lo pongas cautivo en al abismo, para que no pueda ya más seducir a las naciones. Amén.
- Miren la Cruz del Señor; y sean dispersos los poderes enemigos. R:
- El León de la tribu de Judá ha conquistado la raíz de David.
- Qué tu misericordia esté sobre nosotros, oh Señor.
-  Así como hemos tenido esperanza en Ti.
- Oh Señor, escucha nuestra oración.
-  Y deja que mi llanto llegue a Ti.
Oremos
Oh Dios, Padre nuestro, señor Jesucristo, invocamos a tu Santo Nombre, y suplicantes imploramos tu clemencia, para que por la intercesión de la siempre Virgen María, Inmaculada Madre nuestra, y por el glorioso San Miguel Arcángel, Tú te dignes ayudarnos contra Satanás y todos los demás espíritus inmundos, que andan por el mundo para hacer daño a la raza humana y para arruinar a las almas. Amén.
Fuente: Libro de la Devoción a la preciosa sangre de Nuestro Señor Jesucristo

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