Mensaje del Sagrado Corazón de Jesús a Sor Josefa Menéndez, con comentario

Me gustan mucho estos mensajes a Sor Josefa Menendez; pero ciertamente que la parte referente al infierno es de terror; sin embargo, lo difundo porque se hace necesario. Nunca sabremos si iremos o no. Dios no lo quiera!

Mensaje del Sagrado Corazón de Jesús a Sor Josefa Menéndez, con comentario.

A mí no.

19 DE MARZO Y 2 DE ABRIL DE 1922

Sor Josefa continúa escribiendo acerca de sus descensos temporales al infierno, los cuales le ayudarán a finalmente tomar la decisión de olvidarse por completo de sí misma y colaborar de lleno con Jesús y Su plan para salvar las almas.  Sus narraciones son una valiosísima ayuda para aquellas almas que desean amar más a Jesús, así como a regresar al Señor aquellas que están en riesgo de condenarse.  Sor Josefa escribe:

“…El diablo estaba muy furioso porque quería que se perdieran tres almas…  Gritaba con rabia: `¡Que no se escapen…! ¡que se van…!  ¡Fuerte…!  ¡fuerte!´  Esto así, sin cesar, con unos gritos de rabia que contestaban, de lejos, otros demonios.  Durante varios días presencié estas luchas…  Yo supliqué al Señor que hiciera de mí lo que quisiera con tal que estas almas no se perdiesen.  Me fui también a la Virgen y ella me dio gran tranquilidad porque me dejó dispuesta a sufrirlo todo para salvarlas, y creo que no permitirá que el diablo salga victorioso…”

“El demonio gritaba mucho: `…Estad atentas a todo lo que las pueda perturbar…!  ¡Que no se escapen… haced que se desesperen´.  Era tremenda la confusión que había de gritos y de blasfemias.  Luego oí que decía furioso:  `¡No importa!  Aún me quedan dos…  Quitadles la confianza…´  Yo comprendí que se le había escapado una, que había pasado ya a la eternidad, porque gritaba: `Pronto… de prisa… que estas dos no se escapen…  Tomadlas, que se desesperen…  Pronto, que se nos van´.   En seguida, con un rechinar de dientes y una rabia que no se puede decir, yo sentía esos gritos tremendos: `¡Todavía tengo una y no dejaré que se la lleve…!´   El infierno todo ya no fue más que un grito de desesperación, con un desorden muy grande y los diablos chillaban y se quejaban y blasfemaban horriblemente.  Yo conocí con esto que las almas se habían salvado.  Mi corazón saltó de alegría, pero me veía imposibilitada para hacer un acto de amar…  

Sor Josefa, aún en medio de su experiencia en el infierno escribe: “no siento odio hacia Dios como estas otras almas, y cuando oigo que maldicen y blasfeman, me causa mucha pena; no sé qué sufriría para evitar que Nuestro Señor sea injuriado y ofendido…   Siento mucho tormento.  Es como si entrase por la garganta un río de fuego que pasa por todo el cuerpo, y unido al dolor que he dicho antes.  Como si me apretasen por detrás y por delante con planchas encendidas…  No sé decir lo que sufro… es tremendo tanto dolor…  Parece que los ojos salen de su sitio y como si tirasen para arrancarlos…  Los nervios se ponen muy tirantes.  El cuerpo está como doblado, no se puede mover ni un dedo…  El olor que hay tan malo, no se puede respirar *, pero todo esto no es nada en comparación del alma, que conociendo la bondad de Dios, se ve obligada a odiarle y, sobre todo, si Le ha conocido y amado, sufre mucho más…”

* Josefa despedía este hedor intolerable siempre que volvía de una de sus visitas al infierno o cuando la arrebatada y atormentaba el demonio: olor de azufre, de carnes podridas y quemadas que, según fidedignos testigos, se percibía sensiblemente durante un cuarto de hora y a veces media hora; y cuya desagradable impresión conservaba ella misma mucho tiempo más todavía.

Comentario: 

Cuando pensamos en el Infierno o leemos algunas revelaciones como ésta de Sor Josefa sobre los grandísimos e inenarrables sufrimientos del Infierno, nos parece que a nosotros no nos puede pasar, y estamos tan tranquilos como si eso no pudiera ser para nosotros, sino que ya nos creemos como confirmados en gracia y nos parece que a nosotros jamás nos puede suceder.

Esto es un engaño del diablo que quiere adormecernos para que no empuñemos las armas de la oración y de la penitencia, porque nos quiere hacer creer que estamos seguros de ir al Cielo y evitar el Infierno.

Pero ¿quién puede estar seguro de ello si sólo a quien Dios le ha revelado ese destino puede saberlo? Porque los demás mortales, estamos, hasta el último momento de nuestra existencia, en la prueba de la vida, que puede tener un final feliz o desgraciado.

Hagamos el ejercicio de creer que ya nos hemos condenado y tratemos de pensar en que ese destino es eterno y los tremendos sufrimientos que padecemos, y seguramente este pensamiento nos dará valor para hacer los más grandes sacrificios y ser más asiduos en la oración, no sólo para salvarnos nosotros, sino para salvar a las pobres almas, entre las cuales están nuestros seres más queridos.

El demonio, en estos tiempos, ha logrado apagar la idea del Infierno, y no quiere ni oír hablar de él. Incluso en ambientes católicos sólo se quiere hablar de la misericordia de Dios, pero se deja de lado su justicia, como si en Dios misericordia y justicia no fueran iguales.

Pensemos en el Infierno para poder evitarlo, porque cuando llegue la muerte ya quedará todo sellado y es posible que nos condenemos, como es posible también que nos salvemos.

Recordemos estos versos del poeta:

Yo, ¿para qué nací? Para salvarme.

Que tengo que morir, es infalible.

Dejar de ver a Dios y condenarme,

triste cosa será, pero posible.

 ¡Posible! ¿Y río, y duermo, y quiero holgarme?

¡Posible! ¿Y tengo amor a lo visible?

¿Qué hago? ¿En qué me ocupo? ¿En qué me encanto?

Loco debo de ser, pues no soy santo.

                                     Pedro de los Reyes, O.F.M.

Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío.

Visite: www.santisimavirgen.com.ar

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AL PATRONO DE NUESTRA RED

HIMNO AL ARCÁNGEL SAN MIGUEL
Oh Jesús, que eres fuerza y luz del Padre,
Oh Jesús, que das vida a nuestros pechos:
Te alabamos en coro con los Ángeles,
Que siempre de tu boca están suspensos.
Millares de celestes capitanes
Militan en las huestes que acaudillas,
Pero es Miguel quien a su frente marcha
Y quien empuña la sagrada insignia.
Él es quien precipita en lo más hondo
De los infiernos al dragón funesto,
Y quien fulmina a los rebeldes todos,
Y quien los echa del baluarte excelso.
Sigamos día y noche a nuestro príncipe
Contra el fiero adalid de la soberbia,
Para que desde el trono del Cordero
Nos sea dada la corona eterna.
Gloria al Padre y que Él guarde con sus Ángeles
A los que, redimidos por su Hijo,
Fueron ungidos desde el firmamento
Por el eterno bien del Santo Espíritu.

SAN MIGUEL ARCANGUEL

San Miguel Arcanguel
Levanta el Crucifijo y reza esta oración con la señal de la cruz. Has esto en el nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo. Tú vencerás… Reza esta oración todos lo días, ya que la batalla es enorme:
"Oh Glorioso príncipe de la Hueste Celestial, San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla y en el terrible combate que estamos librando contra los principados y Potestades del aire, contra los Dominadores de este mundo tenebroso, en contra de todos los Espíritus del Mal. Ven en ayuda del hombre, a quien Dios Todopoderoso creó inmortal, hecho a su imagen y semejanza, y redimido por un gran precio, de la tiranía de Satanás. Pelea en este día la batalla del Señor, junto con los santos ángeles, igual que combatiste al líder de los orgullosos ángeles, Lucifer, y a su hueste apóstata, quienes no tuvieron poder para resistirte y tampoco hubo ya lugar para ellos en el cielo. Esa cruel serpiente antigua, llamada el diablo o Satanás, que seduce al mundo entero, fue arrojada al abismo junto con sus ángeles. Mira, este enemigo primitivo y asesino del hombre ha tomado fuerza. Transformado en un ángel de luz, anda alrededor del mundo con una multitud de espíritus perversos, invadiendo la tierra para borrar el nombre de Dios y de Jesucristo, apoderarse, asesinar y arrojar a la eterna perdición de las almas destinadas a la corona de la gloria eterna. Este malvado dragón vierte, como la inundación más impura, el veneno de su malicia en los hombres de mente depravada y corrupto corazón; el espíritu de mentira de impiedad, de blasfemia, y de aire pestilente de impureza, y de todo vicio e iniquidad. Estos astutos enemigos han llenado y embriagado con hiel y amargura esta Iglesia, la esposa del Inmaculado Cordero, y han puesto sus manos impías en sus más sagradas posesiones, con el designio inicuo de que cuando el Pastor sea herido, también las ovejas pueden ser heridas. Entonces levántate, oh Príncipe invencible, dale ayuda al pueblo de Dios en contra de los ataques de los espíritus perdidos. Dale la victoria al pueblo de Dios: Ellos te veneran como su protector y patrón; en ti la gloriosa Iglesia se regocija con tu defensa contra el maligno poder del infierno; a ti te ha confiado Dios las almas de los hombres para ser establecida en bienaventuranzas celestiales. Ora al Dios de la paz, para que ponga a Satanás bajo nuestros píes, derrotado para que no pueda más mantener al hombre en cautiverio y lastimar a la Iglesia. Ofrece nuestras oraciones a la vista del Altísimo, para que pronto pueda encontrar misericordia a los ojos del señor; y venciendo al dragón la antigua serpiente que es el diablo y Satanás, tú nuevamente lo pongas cautivo en al abismo, para que no pueda ya más seducir a las naciones. Amén.
- Miren la Cruz del Señor; y sean dispersos los poderes enemigos. R:
- El León de la tribu de Judá ha conquistado la raíz de David.
- Qué tu misericordia esté sobre nosotros, oh Señor.
-  Así como hemos tenido esperanza en Ti.
- Oh Señor, escucha nuestra oración.
-  Y deja que mi llanto llegue a Ti.
Oremos
Oh Dios, Padre nuestro, señor Jesucristo, invocamos a tu Santo Nombre, y suplicantes imploramos tu clemencia, para que por la intercesión de la siempre Virgen María, Inmaculada Madre nuestra, y por el glorioso San Miguel Arcángel, Tú te dignes ayudarnos contra Satanás y todos los demás espíritus inmundos, que andan por el mundo para hacer daño a la raza humana y para arruinar a las almas. Amén.
Fuente: Libro de la Devoción a la preciosa sangre de Nuestro Señor Jesucristo

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