Cómo orar cuando “no entiendo” a Dios

Llevaba varios días escuchando confesiones por más de 6 horas, muchas historias tocaban mi corazón, purificaban mi fe, me ayudaban a descubrir nuevos matices en la miseria humana pero sobre todo en la misericordia de Dios.

Eran mis cuartas misiones de semana santa, toda una semana celebrando misa, confesando en pueblos remotos de México donde el párroco no alcanza a llegar. Personas con sufrimientos que dejan huella, pobreza que duele, y una fe que mueve montañas.

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Buscando consolar me llegó a mí el tiempo de llorar. Sí, por primera vez lloré escuchando una confesión. Fue la experiencia de un alma que a pesar de tanto dolor y tanto sufrimiento veía la mano de un "Papá Dios que siempre me acompaña y nunca me abandona".

Abrir tu corazón a Dios no te hace daño

La oración es el alimento del alma. Es llenarse de Dios, de su amor y vivir para Él y con Él. Sin embargo, en este proceso de llenarse de Él hay un camino donde nosotros activamente tenemos que vaciarnos de nuestro egoísmo, de nuestro racionalismo, de nuestro modo de ver al mundo, nuestras situaciones, nuestros dolores.

Llegar a una oración de aceptación total de la voluntad de Dios requiere esfuerzo y un diálogo sincero con nuestro Dios, desde el corazón y la conciencia de ser creaturas llenas de límites, de angustias de miedos y de dolores.

Abrir tu corazón a Dios no te hace daño. Preguntarle los "por qués" que tengas dentro puede la primera reacción, desde la perspectiva humana. No temas dar este paso, pero siempre prepárate para dejar que la luz de la fe ilumine tu caminar y te abra a una nueva dimensión.

Permanece abierto a escucharlo y a recibir su respuesta, que muchas veces es silenciosa pero que da siempre fruto. Ese "por qué" debe dejar pasar al "para qué". Dios tiene su tiempo para escuchar tus quejas y siempre es rápido para acogerlas con un gran abrazo.

Si te mira en silencio durante la oración, si aparentemente calla es porque está trabajando, realizando algo en tu vida, en tu alma. Espera con confianza, levanta la mirada a la cruz, encuentra sentido a tu dolor, a tus lágrimas mirando al que nos salvó con su sangre. Así, habrás dado paso al "para qué" y la fe habrá tocado tu corazón.

Algunas actitudes ante el dolor y el "no entender" a Dios

No ver un final donde hay un inicio: somos peregrinos y Dios nos acompaña. Sentimos muchas veces que las personas, circunstancias y pérdidas nos quitan algo. Las vemos como un final. Si vivimos con esperanza, esta visión negativa puede ser transformada en una nueva oportunidad, una nueva puerta que nos abre Dios para descubrir un paisaje nuevo en nuestra alma, en nuestra relación con Él. Su muerte fue ciertamente un final pero Dios los transformó en el inicio de nuestra relación y el inicio de la vida eterna.

Ver más lo que Dios nos ha dado y no tanto lo que nos ha quitado:ante las pérdidas de seres queridos, especialmente el esposo, un hijo siempre tenemos la tentación de reclamarle a Dios. ¿Por qué no transformar este dolor en una oración de acción de gracias por el tiempo que Dios nos donó este regalo? La oración puede lograr esta sanación y derramar en nuestro corazón herido un rayo de esperanza.

Estar abierto a amar más: la cruz, el dolor, el sufrimiento son una llamada al amor. No podemos cambiar muchas veces lo sucedido, pero si podemos transformarnos primeramente en el interior y de ahí, recibir la llamada a amar más y mejor. Cuántas veces la pérdida de un hijo nos produce un dolor tal que nos olvidamos del resto de la familia y de nuestra vocación de amarles más y mejor, de valorar lo que Dios me da.

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No entiendo: mi oración a corazón abierto

Querido lector, te dejo una experiencia personal, mi oración a Dios en medio del dolor y de la búsqueda. Es un quejarse con cariño esperando la respuesta y el abrazo de Dios.

No temas hacer lo mismo, es una oración sanadora, filial. Úsala como guía si te sirve, pero sobre todo deja que tu corazón vuele hasta el de Cristo en la cruz.

"No entiendo, tanta paciencia, tanto silencio, tanto dolor. Te escondes y te busco. Espero y no llegas. Hablas y no hago silencio.

¿Hablaremos acaso el mismo idioma? El amor humano y el divino se expresan con los mismos conceptos, palabras o gestos?

Creo que tu Eucaristía es paciencia encarnada, silencio sonoro, dolor redentor.
Creo que tu oración en Getsemaní no duró unas horas, sino que dura toda la vida, mi vida y la de mis hermanos. Te escondes a un tiro de piedra pero nos quedamos dormidos. Te busco pero estás en oración y allí no te encuentro porque no sé rezar. Espero en el lugar equivocado, con la actitud equivocada, quizás con la mirada equivocada.

Y parece que no llegas, que estamos solos en esta tierra, pero detrás, delante, a mi derecha y a mi izquierda estás siempre presente. Tu silencio es condición para descubrirte, es libertad de expresarte mi amor, es vacío que solo puede llenar tu presencia.

Gracias Señor, por un día más. Con estos sentimientos iré a encontrarte en la Eucaristía para intentar amarte como Tú me amas.

 
 

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Respuestas a esta discusión

Es exactamente lo que muchas veces siento. Gracias mi Adorado Señor, porque tus desiertos provocan mayor interes en conocerte y amarte mas.

GRACIAS DIOS MIO POR SER TAN BUENO CON NOSOTROS  NO TE MERECEMOS  PERO TE NECESITAMOS TU AMOR ES MAS GRANDE QUE  NUESTROS  PECADOS  MIL GRACIAS  CONCEDEME LA VIRTUD DE LA PACIENCIA HUMILDAD,PARA AMARTE MAS....

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Oración con indulgencia al dar el reloj la hora "Te ofrezco Dios mío, todos los instantes de esta hora y concédeme que los emplee en cumplir tu Santa Voluntad" El Papa San Pío X concedió 100 años de indulgencia a todos los que digan el Avemaría cuando el reloj de la hora en punto.

AL PATRONO DE NUESTRA RED

HIMNO AL ARCÁNGEL SAN MIGUEL
Oh Jesús, que eres fuerza y luz del Padre,
Oh Jesús, que das vida a nuestros pechos:
Te alabamos en coro con los Ángeles,
Que siempre de tu boca están suspensos.
Millares de celestes capitanes
Militan en las huestes que acaudillas,
Pero es Miguel quien a su frente marcha
Y quien empuña la sagrada insignia.
Él es quien precipita en lo más hondo
De los infiernos al dragón funesto,
Y quien fulmina a los rebeldes todos,
Y quien los echa del baluarte excelso.
Sigamos día y noche a nuestro príncipe
Contra el fiero adalid de la soberbia,
Para que desde el trono del Cordero
Nos sea dada la corona eterna.
Gloria al Padre y que Él guarde con sus Ángeles
A los que, redimidos por su Hijo,
Fueron ungidos desde el firmamento
Por el eterno bien del Santo Espíritu.

SAN MIGUEL ARCANGUEL

San Miguel Arcanguel
Levanta el Crucifijo y reza esta oración con la señal de la cruz. Has esto en el nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo. Tú vencerás… Reza esta oración todos lo días, ya que la batalla es enorme:
"Oh Glorioso príncipe de la Hueste Celestial, San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla y en el terrible combate que estamos librando contra los principados y Potestades del aire, contra los Dominadores de este mundo tenebroso, en contra de todos los Espíritus del Mal. Ven en ayuda del hombre, a quien Dios Todopoderoso creó inmortal, hecho a su imagen y semejanza, y redimido por un gran precio, de la tiranía de Satanás. Pelea en este día la batalla del Señor, junto con los santos ángeles, igual que combatiste al líder de los orgullosos ángeles, Lucifer, y a su hueste apóstata, quienes no tuvieron poder para resistirte y tampoco hubo ya lugar para ellos en el cielo. Esa cruel serpiente antigua, llamada el diablo o Satanás, que seduce al mundo entero, fue arrojada al abismo junto con sus ángeles. Mira, este enemigo primitivo y asesino del hombre ha tomado fuerza. Transformado en un ángel de luz, anda alrededor del mundo con una multitud de espíritus perversos, invadiendo la tierra para borrar el nombre de Dios y de Jesucristo, apoderarse, asesinar y arrojar a la eterna perdición de las almas destinadas a la corona de la gloria eterna. Este malvado dragón vierte, como la inundación más impura, el veneno de su malicia en los hombres de mente depravada y corrupto corazón; el espíritu de mentira de impiedad, de blasfemia, y de aire pestilente de impureza, y de todo vicio e iniquidad. Estos astutos enemigos han llenado y embriagado con hiel y amargura esta Iglesia, la esposa del Inmaculado Cordero, y han puesto sus manos impías en sus más sagradas posesiones, con el designio inicuo de que cuando el Pastor sea herido, también las ovejas pueden ser heridas. Entonces levántate, oh Príncipe invencible, dale ayuda al pueblo de Dios en contra de los ataques de los espíritus perdidos. Dale la victoria al pueblo de Dios: Ellos te veneran como su protector y patrón; en ti la gloriosa Iglesia se regocija con tu defensa contra el maligno poder del infierno; a ti te ha confiado Dios las almas de los hombres para ser establecida en bienaventuranzas celestiales. Ora al Dios de la paz, para que ponga a Satanás bajo nuestros píes, derrotado para que no pueda más mantener al hombre en cautiverio y lastimar a la Iglesia. Ofrece nuestras oraciones a la vista del Altísimo, para que pronto pueda encontrar misericordia a los ojos del señor; y venciendo al dragón la antigua serpiente que es el diablo y Satanás, tú nuevamente lo pongas cautivo en al abismo, para que no pueda ya más seducir a las naciones. Amén.
- Miren la Cruz del Señor; y sean dispersos los poderes enemigos. R:
- El León de la tribu de Judá ha conquistado la raíz de David.
- Qué tu misericordia esté sobre nosotros, oh Señor.
-  Así como hemos tenido esperanza en Ti.
- Oh Señor, escucha nuestra oración.
-  Y deja que mi llanto llegue a Ti.
Oremos
Oh Dios, Padre nuestro, señor Jesucristo, invocamos a tu Santo Nombre, y suplicantes imploramos tu clemencia, para que por la intercesión de la siempre Virgen María, Inmaculada Madre nuestra, y por el glorioso San Miguel Arcángel, Tú te dignes ayudarnos contra Satanás y todos los demás espíritus inmundos, que andan por el mundo para hacer daño a la raza humana y para arruinar a las almas. Amén.
Fuente: Libro de la Devoción a la preciosa sangre de Nuestro Señor Jesucristo

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